A un año de la masacre que estremeció al sur del Cesar, Aguachica sigue de luto por el asesinato del pastor cristiano Marlon Yamith Lora, su esposa Yurlay Rincón y sus hijos Ángela Natalia y Santiago Lora Rincón, ocurrido el 29 de diciembre de 2024 mientras compartían un almuerzo familiar en un restaurante del municipio.
El crimen, que inicialmente estuvo rodeado de versiones y especulaciones, generó una profunda conmoción en una comunidad que conocía de cerca el trabajo religioso y social de la familia Lora, líderes de la iglesia Príncipe de Paz.
Durante semanas circularon hipótesis que vinculaban el ataque con la labor periodística de Ángela Natalia Lora o con presuntas relaciones del pastor con estructuras criminales. Sin embargo, el avance de las investigaciones judiciales permitió esclarecer que la familia fue víctima de una equivocación fatal.
Las autoridades establecieron que los sicarios tenían como objetivo a Zaida Andrea Sánchez Polanco, alias “La Diabla”, viuda de un presunto narcotraficante asesinado días antes. Al no contar con una identificación precisa, los atacantes confundieron a Ángela Lora con su objetivo y abrieron fuego contra toda la familia. La mujer señalada como objetivo fue asesinada semanas después en Medellín.
En marzo de 2025, un juez ordenó medida de aseguramiento contra varios de los presuntos responsables del crimen. Aunque aún se investigan los móviles de fondo y las estructuras involucradas, quedó confirmado que la familia pastoral murió sin tener relación alguna con el conflicto criminal.
Marlon Lora y Yurlay Rincón eran reconocidos líderes espirituales en Aguachica. Ángela Natalia era comunicadora social y Santiago se desempeñaba en el ámbito audiovisual. Organizaciones religiosas y de derechos humanos han reiterado el llamado al Estado para garantizar justicia, reparación integral y mayores medidas de protección para líderes religiosos en territorios afectados por la violencia.
Hoy, Aguachica recuerda a la familia Lora como víctimas inocentes de una violencia que continúa cobrando vidas ajenas al conflicto, y cuya herida permanece abierta en la memoria colectiva del municipio.
