Redacción: Maye Rodríguez
Tras permanecer varios días hospitalizado en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Pablo Tobón Uribe de Medellín, pasadas las 12 de la medianoche de este 28 de febrero, murió ‘El Jilguero de América’, Jorge Oñate, a sus 71 años, luego de una larga lucha por su vida tras sufrir complicaciones a causa del Covid-19.
Oñate había sido traslado a la capital antioqueña, desde el 23 de febrero, luego de permanecer 36 días recluido en el Instituto Cardiovascular del Cesar. El mundo vallenato amaneció de luto, se apagó la voz del más grande, el símbolo del vallenato que por más de 50 años cultivó éxitos y que hoy deja un gran legado.
Al momento del deceso, en el hospital se encontraban su esposa Nancy Zuleta y sus hijos, el congresista José Alfredo Gnecco y su mánager José ‘El Mono’ Romero, quien confirmó el fallecimiento.
De inmediato, los mensajes de solidaridad invadieron las redes sociales, ha sido una noticia que enluta el vallenato. En las próximas horas se definiría el traslado del cuerpo del jilguero a tierras vallenatas.
Su tierra natal, La Paz, Cesar, llora a su hijo, por quien durante su lucha oraron de rodillas ante Dios, en espera de su recuperación. Estuvo encumbrado en altos estrados del folclor vallenato con un extenso legado musical que de seguro será recordado por todos.
La voz de Jorge Oñate dio vida a éxitos que son himnos en la memoria nacional. Son cientos de canciones colmadas de sentimiento y sabor y, como decía Diomedes Díaz: “pa´beberse una plata ajena”. Sus primeros paso en la música los dio a los 14 años, cuando ya era el cantor solicitado en todas las parrandas vallenatas de la provincia del Cesar y La Guajira.
Nació en La Paz, departamento del Cesar, el 31 de marzo de 1949. Hijo de Daniel González y Delfina Oñate. En la actualidad está casado con Nancy Zuleta, con quien tiene tres hijos, Jorge Luis, Delfina Inés y Jorge Daniel.
Además de la música, su vida la ha dedicado a su hogar, a la ganadería, al comercio y a la política. En varias oportunidades fue concejal de su pueblo La Paz, llegó a ser diputado a la Asamblea Departamental del Cesar, fue representante a la Cámara. Aunque su dedicación a la vida artística le tomó mucho tiempo, siempre tuvo su vena política, buscaba ayudar al Cesar, y muy especialmente a su pueblo natal.
En el año 1997 fue presidente de la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia (Sayco).
DIVIDIÓ LA HISTORIA
Jorge Oñate puso a brillar bajo los focos la figura del cantante vallenato en la década de los 70, una época en la que primaba que los acordeoneros fueran a la vez vocalistas. Así, en su máximo evento, el Festival de la Leyenda Vallenata, el público consideraba que quien se llevara la corona de Rey Vallenato y fuera soberano de su ritmo, debería cumplir esos requisitos.
“El Jilguero” hizo parte de los transgresores, y no fue el único ni el primero entonces, pero desafió con su canto, se convirtió en luminaria y puso una marca en la historia. Con él, la voz vallenata inició una etapa tras la que llegaron cientos de intérpretes. Una costumbre que se mantiene hasta hoy, por eso, muchos aluden a él como “El primer cantante de la música vallenata”, incluso, así se ha calificado el propio artista en sus testimonios.
Se inscribió con Miguel López y el público protestaba: decían que el Rey tenía que ser completo, que tenía que tocar, componer, cantar e improvisar y que no estaba de acuerdo en que un acordeonero llevara a alguien para que le cantara.
Fue el primero en grabar como solista al lado de Emilio Oviedo, luego con Miguel López conformó el grupo más importante del vallenato ‘Los Hermanos López’.
Escuchar la música de Oñate, es encontrarse con los míticos cimientos: Alejo Durán, Leandro Díaz o Juancho Polo Valencia; con poetas autores de versos de extrema belleza: Santander Durán, Rafael Escalona, Gustavo Gutiérrez; con el ingenio de Calixto Ochoa o de Armando Zabaleta, el voltaje de creadores de cantos como Aurelio Núñez, y lo contemporáneo de Omar Géles o Sergio Luis Rodríguez.
