El Municipio de Puerto Colombia, conurbado por lo alto con Barranquilla y parte del Área Metropolitana, con posibilidad de entrar al “privilegiado club de los Distritos Especiales”, es una población promisoria, pero todas sus perspectivas de desarrollo están aplazadas, dependiendo de un proyecto de ampliación de su acueducto.
Hoy no tiene agua suficiente para atender las necesidades de la población porque los dos últimos alcaldes, Carlos Altahona y Steimer Mantilla, del partido político Cambio Radical, no hicieron las gestiones para ampliar el sistema de tratamiento de agua potable para atender las necesidades apremiantes por el crecimiento urbano y por ende poblacional.
Esta población que gracias al visionario ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros, precursor de los ferrocarriles de Colombia, se convirtió en 1893 en el más importante terminal marítimo del país durante cinco décadas, ya tuvo una primera crisis de servicios públicos domiciliarios en los años 70, 80 y 90, hasta que en 1997 la alcaldía del fallecido Carlos de la Asunción, concesionó el suministro de agua potable a la Triple A de Barraquilla.
De ese momento hasta 2010, aproximadamente, los servicios funcionaron más o menos bien, pero el furor por las tierras ubicadas al norte de Barraquilla en el denominado Corredor Universitario porteño, a raíz de la terminación de los espacios para construir en el norte de la capital del Atlántico, y la toma de los cerros por hordas de familias vulnerables, generó unas exigencias de agua potable para las cuales el sistema actual no estaba preparado ni los alcaldes citados antes hicieron nada para ampliarlo.
En cambio, esos mandatarios favorecieron con su indiferencia el crecimiento de cinturones de miseria donde todo está por hacer. Sólo hay pequeñas viviendas de tabla y plástico o pequeñas habitaciones de bloque y cemento, a donde no llegan el agua ni el alcantarillado, la conexión a la energía es informal y no hay gas natural.
Altahona y Mantilla, con el respaldo político de Fuad Char, “reinaron” en los últimos dos períodos institucionales a nombre de Cambio Radical, en “un mar de corrupción” donde a través de un grupo de fundaciones contratadas para “no hacer nada” en beneficio de la comunidad sino para “saquear” el erario público del que se habrían llevado por lo menos el 40% del presupuesto anual durante 8 años, según “reza” en las denuncias que reposan en la Fiscalía y la Procuraduría, impetradas por las Veedurías Ciudadanas que representan Juan Manuel Torres Muñoz y Yenni Martínez Aparicio Criales, entre otros.
No haber invertido esos dineros públicos saqueados, no haber previsto ni planificado nada en materia de servicios domiciliarios, hoy se refleja en “las villas miseria” que no tienen nada más que necesidades de todo tipo.
La última inversión en ampliación del acueducto porteño se llevó a cabo hace un cuarto de siglo siendo gerente del Instituto de Servicios Básicos Municipales, el ingeniero civil, Wilman Vargas, hoy alcalde de este balneario.
En aquel momento Vargas lideró la construcción de un módulo de 100 litros por segundo que puso en 200 litros por segundo la producción del preciado liquido para los porteños, después de eso no se hizo más nada.
Actualmente el mandatario local realiza los trámites para abrir una licitación pública que permita contratar la construcción de tres módulos más que producirán 300 litros por segundo cada uno, acorde con el proyecto diseñado y aprobado por el Ministerio de Vivienda Ciudad y Territorio y cuyo convenio de financiación de esas obras por casi $200.000 millones firmó a finales de diciembre 2020 el Presidente de la República, Iván Duque.
El burgomaestre Vargas, en tiempo breve, consiguió la tierra para la construcción de los módulos, la legalizó a nombre del municipio, presentó el proyecto, se lo aprobaron y ahora tramita la licitación para contratar su ejecución y prevé que a principios de 2022 esté listo el primer módulo, y el resto en los 24 meses siguientes, para conjurar la crisis que ahora mantiene al 60% de los habitantes del casco urbano en medio de racionamientos y sectorizaciones en el suministro de ese elemento de vida y abastecimientos a través de carrotanques a los moradores de las “villas miserias”, convertidas así en potenciales focos de incubación del coronavirus, el dengue, el chikunguña y muchas otras enfermedades tropicales, por la acumulación de agua en recipientes de todo tipo.
