Por: Juan Rincón Vanegas
Nace un concurso de crónicas donde se resalta la música vallenata con sus historias y sus grandes protagonistas. Iniciativa de la página www.laregional.net, que ha tenido la mayor receptividad.
Sentado en el computador teniendo la pantalla en blanco y con tantas cosas por escribir no hubo que pensarlo más y decidirse por el arranque al escuchar el famoso 1, 2, 3.
“Hijo, no lo olvides, Dios te tiene para cosas grandes”, me dijo mi mamá Evelia María Vanegas Palomino, a pocas horas de despedirse de la vida. Ese fue en el año 1986.
Esas palabras se volvieron a repetir en mi memoria al recibir la llamada del periodista Miguel Macea Martínez, director de la página www.laregional.net para anunciarme que con su equipo de trabajo habían decidido hacerme un reconocimiento en vida, al bautizar con mi nombre el Concurso de Crónicas Vallenatas. Todo por mi entrega y persistencia en ese género periodístico.
Lo confieso, Quedé de una sola pieza y lo primero que pensé fue en la frase de mi vieja, esa mujer, la reina del trabajo, la misma que se sentaba por horas en su máquina de coser para que los pedazos de tela se unieran a través del hilo. Ella, hacía colchas de retazos.
También pensé en la frase que me dedicó de todo corazón Consuelo Araujonoguera, ‘La Cacica’. “Los que triunfan sin personas ordinarias con una determinación extraordinaria”.
Con la emoción a flor de piel corrí para donde Norela Ferrer, la mujer que conoce hasta los golpes de mi corazón, y le hice el anuncio. La alegría fue más grande que la ciénaga de Zapatosa, de mi tierra Chimichagua. Regué la noticia a toda mi familia y lo demás se supo con las publicaciones en los distintos medios de comunicación a los cuales agradezco por su bondad.
De otra parte, he venido sumando las crónicas escritas y pasan de 700 en 40 años de estar sentado primero en la máquina de escribir y después en un computador.
Muchas me han dado premios, reconocimientos y hasta las gracias infinitas. Pero, otras como dice el famoso relator William Vinasco: “Y de aquello nada”.
Las crónicas no cesan y en varias libretas de apuntes están muchos pedazos de historias que van saliendo poco a poco cuando la ocasión amerita. En estos días al abrir una de las libretas me encontré con el epitafio que escribí no sé cuándo porque la verdad es que nadie nació para semilla. “Mi vida fue una crónica que dejé escrita en el alma de mi tierra Chimichagua”…
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La nostalgia me arropa, las alegrías son grandes y le auguro al concurso de crónicas muchos años de vigencia, y aprovecho desde ya para invitar a los cronistas a concursar cuando se abra la convocatoria. Eso sí, la temática girará alrededor de la música vallenata y sus protagonistas.
El secreto
Siempre las historias me han llamado la atención, pero tienen que cautivarme porque de lo contrario conmigo no se ganan ni una letra. Todo viene porque mi abuela María Leona Palomino Méndez, me enseñó a leer en la Biblia.
Desde niño me llamaron la atención las historias del libro sagrado y pienso que nadie le hizo una crónica a Lázaro cuando resucitó. Tantas cosas que tenía por contar, o cuando se abrió el mar rojo provocando la huida de los israelitas de Egipto. La multiplicación de los peces y los panes. En fin, muchas más…
En este entorno de las crónicas me encuentro con una pegada a mi corazón. Se asoma a mi memoria la del paisano Daniel Palmera Suárez, ‘El hijo de la Pastorita’, quien tiene 68 años y se cree un santo. No ha tenido “tocamiento”, según sus palabras, con ninguna mujer, y ante la cercanía del fin del mundo dice que Dios le pondrá en la ciénaga de Zapatosa, el arca de Noé para que suba a sus hijos buenos.
Sigo dando vueltas y llegan las mujeres a las crónicas. Ellas, son el encanto de la vida y el perfume del corazón. Son las encargadas de adornar hasta el pensamiento para que las palabras broten alegres. Sin ellas, estaríamos condenados a morir sin soñar despiertos.
En este espacio de reflexión aparece la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, donde me he desempeñado durante 14 años, como jefe de prensa, respaldando esa gran iniciativa del Festival de la Leyenda Vallenata que nació en 1968. He aprendido mucho en ese evento, he conocido a personajes que han sido motivo de mis crónicas, a directivos y miembros de la entidad que me dan su mano amiga.
La palabra GRACIAS, así con mayúscula, se queda corta para decirle a Miguel Macea Martínez, lo agradecido que estoy junto a mí familia, por ese detalle hermoso y significativo que me abraza el alma y me estimula a seguir sacando adelante la tarea que nunca termina.
De igual manera recuerdo al dilecto amigo Javier Fernández Maestre, quien en Olímpica Stéreo cierto día me dijo que mi verdadero nombre debía ser: Juan RinCrónica. Eso me gustó.
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…Y cuando estoy al cierre de la crónica siento que todavía retumba en mis oídos el sonido de aquella máquina donde mi vieja cosió con amor mi futuro. Las lágrimas que ahora corren por mis mejillas son el premio a esa mujer que supo que un hijo, su único hijo, era el mayor regalo de Dios, y por eso me tenía para cosas grandes.
