El presidente Gustavo Petro Urrego entra en la recta final de su mandato. Para muchos de sus seguidores, su gobierno representa un punto de quiebre en la historia política del país, al haber impulsado reformas y programas sociales dirigidos a sectores que durante décadas permanecieron al margen de las prioridades estatales. Pese a enfrentar un Congreso fragmentado y una fuerte oposición política, su administración logró abrir debates que hoy ocupan un lugar central en la agenda nacional.
Más allá de las diferencias que pueda generar su liderazgo, es innegable que Petro transformó la manera de hacer política en Colombia. Sus simpatizantes consideran que logró romper viejos temores, estimular la participación ciudadana y poner sobre la mesa problemas estructurales que durante años fueron ignorados o minimizados.
Ahora, tras un merecido descanso, el presidente tiene un reto que no admite demora: volver a recorrer el país. Es el momento de escuchar nuevamente a las regiones, dialogar con las bases sociales y evaluar el reacomodamiento de las fuerzas políticas de cara a los próximos desafíos electorales.
La construcción de alianzas para las elecciones territoriales de 2027 no puede quedar únicamente en manos de dirigentes locales. Se requiere una orientación nacional que permita consolidar un proyecto político coherente, capaz de unir a distintos sectores alrededor de objetivos comunes. La fragmentación, el sectarismo y las disputas internas solo debilitan un proceso que aún tiene mucho por construir.
En muchas regiones existen liderazgos valiosos que esperan una señal de unidad. Sin embargo, también persisten actitudes de quienes creen ser propietarios del proyecto político y terminan cerrando las puertas a nuevos militantes y dirigentes. Esa práctica debe superarse si realmente se aspira a consolidar una fuerza política de largo aliento.
La formación política también debe ser una prioridad. Un movimiento que pretende transformar el país necesita militantes preparados, con fundamentos ideológicos, capacidad de debate y compromiso con los principios democráticos. Las ideas deben prevalecer sobre los intereses personales.
El presidente Petro tiene la autoridad política para convocar ese proceso de reorganización y fortalecer el diálogo directo con los liderazgos regionales. Escuchar los territorios, fortalecer las alianzas y preparar el camino hacia 2027 puede ser una de las tareas más importantes del tramo final de su gobierno.
El tiempo político avanza rápidamente. Si el propósito es consolidar el proyecto del cambio, el momento de recorrer el país y construir consensos es ahora.
