Con el Decreto 0675, el cierre temporal del Balneario Hurtado y una hoja de ruta técnica junto a Corpocesar, la Alcaldía de Ernesto Orozco Durán da un paso para recuperar el río. La tarea apenas comienza y, de ahora en adelante, también les corresponde a todos los vallenatos.
El Guatapurí no es un accidente geográfico más en el mapa del Cesar: es la banda sonora de Valledupar. Sus aguas han visto nacer acordeones, han refrescado a generaciones enteras de familias vallenatas y han sido, durante más de cuatro siglos, el hilo que une a esta ciudad con su propia identidad.
Por eso, cuando el río se enferma, algo más que un ecosistema se resiente: se resiente la memoria colectiva de un pueblo. Y cuando el río empieza a recuperarse, la noticia merece contarse con la misma fuerza con la que durante años se han contado sus problemas.
Durante décadas, la ronda hídrica del Guatapurí acumuló ocupaciones, construcciones informales y otras intervenciones que fueron deteriorando, poco a poco, las condiciones del río. Ese deterioro no es responsabilidad de una sola administración; es el resultado de muchos años de decisiones, omisiones y falta de control.
Lo que sí corresponde a la actual administración es la decisión de actuar. Y esa decisión ya está sobre la mesa.
La Alcaldía de Valledupar, bajo el liderazgo del alcalde Ernesto Orozco Durán, puso en marcha una intervención respaldada en medidas administrativas y técnicas para avanzar en la recuperación del Guatapurí. El Decreto 0675 formalizó el cierre temporal del Balneario Hurtado y abrió un periodo de intervención que contempla acciones como el retiro de intervenciones irregulares en la ronda hídrica, jornadas de limpieza y reforestación, así como un mayor control sobre los usos de este sector.
La medida puede generar incomodidad, especialmente para quienes durante años han visto el balneario como uno de los principales espacios de encuentro de Valledupar. Pero recuperar un río exige, en determinados momentos, tomar decisiones que no siempre son populares.
Esta no es una acción aislada. Hace parte de una mesa técnica interinstitucional entre la Alcaldía y Corpocesar, con una hoja de ruta que busca establecer responsables, plazos y objetivos verificables. Y ahí está una de las claves: pasar del discurso a las acciones concretas.
Porque durante años hemos hablado de la importancia del Guatapurí. Lo hemos convertido en símbolo, en postal turística, en inspiración para canciones y en orgullo vallenato. Pero querer al río también significa protegerlo cuando hacerlo implica restricciones, controles y cambios en nuestras propias costumbres.
Los beneficios de una recuperación efectiva irían mucho más allá de lo ambiental. Un Guatapurí en mejores condiciones significaría un entorno más seguro para las futuras generaciones, un espacio público más digno y una oportunidad para que Valledupar vuelva a demostrar que proteger su patrimonio natural también es proteger su identidad.
Cada metro de ronda hídrica recuperado, cada jornada de limpieza cumplida y cada intervención irregular retirada debe convertirse en una señal de que las decisiones institucionales pueden producir resultados cuando están acompañadas de seguimiento y continuidad.
Pero hay algo que debe quedar claro: ningún decreto, por bien diseñado que esté, puede recuperar un río por sí solo.
Las autoridades pueden ordenar el cierre de un balneario, coordinar jornadas de limpieza, impulsar la reforestación y ejercer control sobre la ronda hídrica. Sin embargo, el cuidado cotidiano depende también de la ciudadanía.
De ahora en adelante, proteger el Guatapurí no puede ser una tarea exclusiva de la Alcaldía. Tiene que convertirse en un compromiso colectivo.
Eso significa acciones sencillas, pero fundamentales: no arrojar residuos al cauce ni a sus alrededores; respetar las zonas que estén en proceso de recuperación; denunciar construcciones o intervenciones irregulares; y participar en las jornadas comunitarias de limpieza y siembra.
Parecen gestos pequeños. Pero cuando miles de ciudadanos los convierten en una conducta permanente, pueden marcar una diferencia enorme.
El Guatapurí ha acompañado a Valledupar en cada festival, en cada verso y en cada generación. Ha sido testigo silencioso de la transformación de una ciudad que creció a su alrededor y que, durante demasiado tiempo, creyó que el río siempre estaría allí para soportarlo todo.
Hoy existe una oportunidad para cambiar esa historia.
La recuperación del Guatapurí apenas comienza. Habrá dificultades, críticas, intereses afectados y decisiones que deberán sostenerse más allá de una administración. Por eso, el verdadero reto no será solamente cerrar un balneario o ejecutar unas jornadas de limpieza: será mantener la voluntad de proteger el río cuando la noticia deje de ser novedad.
Porque recuperar el Guatapurí es también recuperar una parte de Valledupar.
Y esa tarea ya no puede ser de unos pocos. El río nos pertenece a todos, pero también todos tenemos la obligación de cuidarlo.
