Sube un amigo por acá una foto de Abelardo con la mujer en un paraje alpino, una de esa fotos que parece como sacada de una postal, una foto de esas que parecen idílicas, como diciendo “¡tan bella nuestra futura pareja presidencial!”.
Me quedo mirando la foto un instante y me doy cuenta de que hay algo “barbie-esco” en la esposa de Abelardo, que es bonita, pero de una belleza de esas que abunda en Colombia que a mí no me dice mucho (es una cuestión de gustos, la pelada es bonita pero no es mi tipo).
Ahí me doy cuenta de cuál es el éxito de ese man en política. El tipo es un payaso absolutamente superficial y vano para todo, y en un país de gente superficial como Colombia, con eso basta. Abelardo ofrece una respuesta sobre cualquier cosa que le pregunten, de un milímetro de profundidad. Su “forte” es la superficialidad, el cretinismo, el show ligero.
Por eso arrasa en Barranquilla, la ciudad más superficial de Colombia.
Y todos los que hemos visto el fracaso de Petro, el que supuestamente era el que iba a ser el presidente “profundo”, ahora se sienten justificados al abrazar la superficialidad de Abelardo. “Fracasó el profundo, vamos ahora con todo con el vano”, es más o menos el mantra de esta escogencia de Abelardo. Es algo así como tomar un libro de Schopenhauer, aburrirse leyendo filosofía, y prender la televisión para ver la película “Barbie” y sentirse bien por ello. A Colombia no le da para un “gran presidente”, la gente no tiene la profundidad intelectual para elegir a un tipo con porte de estadista. Ahí tienen a Fajardo, el matemático. Fajardo los aburre, y acaban prefiriendo al “Kent Monteriano”.
En los países anglosajones hay una expresión que es estar en un “Catch-22”, una situación paradójica, una situación contradictoria, una expresión derivada de la famosa novela de Joseph Heller de homónimo nombre.
El Catch-22 de Colombia es el siguiente: ¿cómo pretendemos que venga alguien a cambiar al país para bien si somos unos estúpidos que siempre escogemos como presidente a gente superficial e inútil? Estas elecciones parecen un calco de las elecciones del 2018, solo que ahora Petro no es contenedor sino que ya lo vemos por el retrovisor.
En el 2018, si ustedes recuerdan, estaban Duque, Petro y Fajardo. Al final Fajardo decidió no hacer alianzas con nadie, se ahogó, y quedaron en segunda vuelta Duque, un idiota; y Petro, el que en esa época era el “intelectual de izquierda”. Colombia votó al idiota, como era de esperarse.
Regresemos al 2026. Otra vez un idiota (Abelardo), otra vez Fajardo, y otra vez un intelectual de izquierda (Cepeda). Y aquí es en donde viene la diferencia entre el 2018 y el 2026. Como ya el “intelectual de izquierda” pasado fracasó (Petro), el país siente que ya no tiene obligación de darle otra oportunidad a la izquierda “intelectual”, dándole vía libre a sus instintos superficiales y vanos, así que van y abrazan de nuevo al “idiota”, Abelardo.
Conclusión: la gente en Colombia quiere ser superficial e idiota, y solo está buscando una excusa para serlo. Petro ha “liberado” a la gente idiota de Colombia de tener que escoger a alguien de más peso intelectual porque esos “intelectuales no sirven para nada”. Según esta lógica, mejor volver a lo conocido, a lo superficial, a lo vano, al “Kent Monteriano”.
Hace poco María Jimena Duzan, que no es que sea precisamente santa de mi devoción, dijo algo que me parece cierto. Dijo que el fracaso de Petro, el repudio a Petro, se ha convertido en “Abelardismo”. Es decir, escandalizados por la tragedia humana de Petro, quiero decir, su naturaleza “cartuchiana”, la gente en Colombia, de manera rara, se ha volcado con Abelardo, un payaso que parece simbolizar familia, religión y valores tradicionales. En otras palabras, la debacle humana de Petro ha empujado a la gente a buscar un refugio de valores tradicionales, en este caso, personificados por un payaso vivo puesto ahí por el Lobby de Israel Americano, pero eso a la gente no le importa. La gente superficial colombiana lo que quiere ver es un presidente bien vestido, con esposa bonita, de familia, que grité “firmes por la patria”. En otras palabras, otro Duque.
La mente del colombiano average es superficial y cíclica. Por lo general escoge a presidentes de línea “conservadora” y tradicional, pues el mestizo colombiano es un burgués consumado. Pero, de pronto, aparece alguien medio novedoso y diferente, un Petro, una Claudia López, un Antanas Mockus, y tras experimentar con el “diferente” y ver que no funciona, vuelve a “square one”, sus valores tradicionales.
Es aquí es en donde estamos ahora. Fracasado el líder de izquierda ex-guerrillero, corremos otra vez a lo conocido, al engatusador de derecha y valores tradicionales. La gente no quiere pensar mucho sobre candidatos presidenciales, no quiere hacer un ejercicio mental para escoger algo sólido. Con que le den un poco de familia y valores tradicionales, la gente está contenta. Un presidente “cartuchiano” como Petro provoca un “terremoto” dentro de esos valores tradicionales del Colombiano, que trastornado con lo que ha visto de Petro, corre al primero que le reafirme sus valores. Y ese “primero” es hoy Abelardo, el “Kent Monteriano”. Este personajillo te espera a la salida del teatro en donde has visto la “película” de Petro y te dice: “te lo dije, debiste haber entrado a mi teatro a ver ‘Barbie’, que es una película mejor”. Y ese espectador traumatizado por la obra que acaba de ver de Petro, se entrega en cuerpo y alma al mundo “Barbie” de Abelardo.
El asunto aquí es que Barbie” también es una película malísima, de lo peor que ha dado el cine.
Somos perros de Pavlov en Colombia. Los que entrenan los perros saben cuándo darles una galleta para que respondan como ellos quieren.
Ahí está Abelardo extendiendo su galleta…envenenada…después de la debacle de Petro.
Los perros condicionados de Colombia brincan como locos a por ella.
Y en 4 años, decepcionados del “Kent Monteriano”, ese electorado de perros condicionados volverá a aventurarse con algo “novedoso” que se les presente, y el ciclo se vuelve a repetir. No hay escape. Una sociedad estúpida y superficial como la colombiana no tiene escape de ese ciclo.
P.D: Estas elecciones en Colombia serán las primeras elecciones presidenciales que no me van a dejar nada, y que no me motivan de ninguna forma. Soy un elector resignado, que probablemente ni siquiera vote. Mi único “triunfo” en estas elecciones será poder decir, en 4 años, “Menos mal no voté por Abelardo”.
Mi triunfo en estas elecciones queda resumido a un “voto en blanco”.
Mi ilusión es que, en un futuro, se permita a los votantes votar en contra de la estupidez de otros votantes. Es decir, en lugar de votar en blanco para indicar que no se ven opciones dentro de los candidatos que se postulan, crear un voto protesta de otro color para votar indicando que se rechaza a los imbeciles que si escogen dentro de los cretinos que se postulan. En otras palabras, votar para protestar contra los votantes estúpidos y superficiales de Colombia. Digamos, un “voto negro”.
Si ese “voto negro” se inventara, yo votaría “voto negro” en todas las elecciones…
Colombia es muy estúpida, definitivamente…
