Se creía que la decisión de Álvaro Uribe de viajar a Cali a la posesión del presidente Abelardo de la Espriella sería el fin de las hostilidades. Allí el expresidente, sin dar demasiadas explicaciones, apareció en la alfombra roja. La posesión presidencial tuvo todo menos austeridad. Parecía, según algunos críticos, una pasarela, el evento previo a un evento de glamour. Uribe se notaba incómodo. Horas antes, Paloma Valencia en entrevista con María Jimena Duzán, le había dicho que no había sido invitada a la posesión. Había, además, fuertes rumores de que la banda presidencial no se la entregaría a Abelardo Honorio Henríquez, presidente del Senado, como está estipulado en la Constitución, sino Nicolás Barguil, presidente de la Cámara, lo que había despertado la ira santa del expresidente.
El origen del resquemor es el papel que ha venido jugando Carlos Suárez, abogado convertido en estratega político y una de las personas señaladas de liderar la campaña mediática que se fue lanza en ristre contra figuras emblemáticas del Centro Democrático como la misma Paloma Valencia. Paloma, con sorna, recordó que Suárez fue asesor de alguien tan contrario a las políticas de derecha como lo fue Piedad Córdoba. Además, fue señalado por el uribismo como el responsable de la reunión que tuvo Iván Cepeda con Salvatore Mancuso en 2009 y, a través de él, conocer al Tuso Sierra, quien fue vital a la hora de hablar y llevar a juicio a Uribe. El líder del Centro Democrático ha dicho, una y otra vez, la incomodidad que le genera esta decisión de mantener a Suárez y a su equipo de influenciadores.
Lo que se esconde detrás de esto es la pelea de la derecha por tener un partido único. Hasta el momento serían cuatro los partidos que van a pelearse por la supremacía de cara a las elecciones regionales del 2027. Allí estarán en disputa: Defensores de la Patria, Movimiento de Salvación Nacional, Centro Democrático y, probablemente, el partido de María Fernanda Cabal.
Desde Pares le preguntamos a gente cercana a Abelardo de la Espriella y ellos afirman que “la guerra” se mantendrá hasta octubre de 2027. Esto ha sido parecido en dos países: en Argentina, Milei y su movimiento Libertarios decidieron intentar borrar del mapa al Macrismo, así como Trump hizo con los Republicanos en Estados Unidos. Es curioso, mientras Abelardo prometió destripar a la izquierda, lo que está haciendo es asfixiar a la derecha. Hasta el momento, Uribe no ha hecho una sola declaración.
