Decían los abuelos que nadie sabe para quién trabaja, y cuando se trata de política, el refrán cobra aún más sentido.
Una fuente de alta credibilidad me confirmó que el pasado martes se realizó una reunión en el restaurante de María Namen. Al encuentro asistió gran parte del grupo político que respaldó a Abelardo de la Espriella en su candidatura a la Presidencia de la República.
Hasta allí llegó la plana mayor de la Casa de Gobierno, liderada por el diputado Popo Barros y sus aliados, para evaluar los resultados, celebrar el triunfo e, incluso, comenzar a proponer nombres para ministerios, embajadas y otros cargos del orden nacional.
En medio de la comilona, el whisky, los abrazos y los chistes, comenzó a correr el rumor de que Sergio Araújo Castro, quien fungió como asesor de la campaña de Abelardo, ya habría postulado a su hermana, la excanciller María Consuelo Araújo, para ocupar una embajada o un ministerio. Al parecer, esa versión cayó muy mal entre varios de los asistentes.
Pero las sorpresas no terminaron ahí. Una llamada alertó y confirmó que el cantante Silvestre Dangond le habría solicitado a Abelardo de la Espriella considerar el nombre de su tío, Indalecio Dangond, para el Ministerio de Agricultura. Esa noticia terminó de agriar el ambiente y dejó varios interrogantes: ¿pesan más las recomendaciones de Sergio Araújo y Silvestre Dangond que el trabajo de quienes buscaron votos y recorrieron los territorios? Al parecer, muchos de ellos tendrán que conformarse con las migajas o, en el mejor de los casos, con un consulado.
Ahora solo queda esperar la posesión del presidente Abelardo de la Espriella y el inicio del reparto de los «peces y los panes». Lo único que tengo claro es que no habrá peces para todos; a más de uno le tocará conformarse únicamente con los panes.
