La formalización de los trabajadores es uno de los retos del Gobierno nacional, y para ello presentará la próxima semana el texto final de la reforma laboral, con la cual aspira mejorar las condiciones de la población laboralmente activa en el país.
El Dane ha entregado unas cifrasno muy alentadores con relación al mercado laboral informal para el período noviembre de 2022 – enero de 2023.
Reveló que durante ese lapso en el país había 22,14 millones de trabajadores, de los cuales 9,33 millones eran formales y 12,81 millones informales.
De acuerdo con la entidad, a nivel nacional la tasa de informalidad se ubicó en 57,9%, lo que significó una disminución de 0,6 puntos porcentuales respecto al mismo trimestre del año anterior (58,4%).
Pero al mirar el mapa nacional, especialmente en la región Caribe se ubican las capitales con los indicadores más altos de informalidad. De las 23 ciudades y áreas metropolitanas, las que presentaron mayor proporción de informalidad fueron: Valledupar (68,3%), Riohacha (67,8%) y Sincelejo (65,9%).
En la primera tiene 183.000 trabajadores, de los cuales solo 58.000 tienen un empleo formal, mientras que 125.000 están en la informalidad. En el caso de Riohacha, el mercado laboral se compone de 54.000 trabajadores: 17.000 formales y 36.000 informales. En el caso de la capital de Sucre, los ocupados llegan a 103.000, y de ellos 35.000 son formales y 68.000 laboran en la informalidad.
De acuerdo con Fernando Herrera Araújo, director de Cesore, un centro de pensamiento económico ubicado en Valledupar, la problemática de la ciudad radica, en gran medida en la naturaleza de su matriz productiva, que se basa en buena medida en el sector rural y otras actividades primarias.
“Hay una incapacidad estructural, de una economía muy primaria como la vallenata, en generar empleo. El principal generador de puestos de trabajo es el comercio, y en segundo lugar el Gobierno, y por el contrario el desarrollo industrial es muy incipiente”, explicó el experto.
De acuerdo con Herrera, entre la economía formal que se desarrolla en la región se destaca en gran proporción la minería, la cual se ha visto afectada tras el retorno de los títulos mineros de parte de Glencore al Estado colombiano.
Además, indicó el director de Cesore, hace falta una política pública de empleo, y ese se relaciona también, según Herrera, con las complicaciones políticas y de gobernabilidad que se han visto tanto el departamento del Cesar como en la ciudad de Valledupar en los últimos años.
“Tanto con la informalidad como con el desempleo venimos punteando hace años, es algo ya estructural”, dijo.
Otra medición que destaca dentro del reporte del Dane es la informalidad en las zonas rurales del país. En el dominio geográfico centros poblados y rural disperso, que según la autoridad estadística hace referencia a los municipios en zonas rurales, el indicador fue 85,1%, representando un aumento de 0,9 puntos porcentuales respecto al trimestre móvil noviembre 2021 – enero 2022.
En el sector rural hay solo 4,6 millones de trabajadores rurales ocupados, de los cuales 687.000 están contratados formalmente, mientras que el grueso de esa cifra, los 3,93 millones restantes hacen parte de la informalidad.
De otra parte, el Dane dio a conocer también la medición de la tasa de informalidad segmentada por los principales centros urbanos. Para las 13 principales ciudades y áreas metropolitanas, la proporción de trabajadores informales en el trimestre de referencia fue 42,3%. Esto representó una disminución de 1,3 puntos porcentuales respecto al trimestre móvil noviembre 2021 – enero 2022 (43,7%).
Estas zonas comprenden a Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Manizales, Pereira, Cúcuta, Pasto, Ibagué, Montería, Cartagena y Villavicencio. En estas urbes se ubican 10,45 millones de trabajadores, de los cuales 6,03 millones son formales y 4,42 millones informales.
