Un mes de gobierno y la guerra ya parece ser la principal carta de presentación de Abelardo De La Espriella. La política de seguridad ha tomado el centro de la agenda, con operaciones militares, confrontaciones armadas y un discurso de mano dura contra las organizaciones ilegales.
Pero detrás de los anuncios de resultados también crece una discusión incómoda: los cuestionamientos por posibles vulneraciones a los derechos humanos y por la utilización de imágenes de cuerpos de personas muertas en combate para exhibir resultados operacionales.
Para sus críticos, convertir los cuerpos de los caídos en imágenes de victoria representa una peligrosa normalización de la muerte. La Fuerza Pública tiene la obligación de actuar bajo la Constitución y las normas del derecho internacional humanitario, incluso frente a integrantes de grupos armados ilegales.
El Gobierno defiende su estrategia como una respuesta necesaria frente a la violencia y el avance de las estructuras criminales. Sin embargo, el debate está abierto: combatir a los violentos no puede significar que el Estado pierda de vista los límites que impone la ley.
Al cumplirse el primer mes, el balance político de Abelardo empieza a tomar forma: más confrontación, más operaciones y un discurso de autoridad que despierta respaldo en unos sectores, pero preocupación en otros.
La pregunta que queda sobre la mesa es contundente: ¿la guerra será el gran resultado del primer mes de Abelardo o apenas el comienzo de una política de seguridad cuyos costos terminarán pagando las comunidades?
