Al gobernador de Bolívar, Yamil Arana, parece que últimamente le preocupa más lo que dicen las redes sociales que lo que ocurre en las calles del departamento.
Cada vez que su nombre pierde protagonismo en el escenario digital, aparece una nueva declaración, una nueva confrontación o una nueva polémica. Y eso debería preocuparnos, porque gobernar no es competir por likes ni convertir cada diferencia en una batalla verbal.
Desde el comienzo de su administración, Arana ha demostrado una particular habilidad para confundir lo popular con lo estridente y la firmeza política con la provocación. Sus enfrentamientos discursivos con el presidente Gustavo Petro han sido recurrentes, pero una cosa es hacer oposición o defender una posición política y otra muy diferente es perder el respeto por quien está al frente.
Esta vez, el asunto es mucho más delicado.
Sus palabras contra la hermana de Naín Pérez Toncel, en medio del dolor provocado por la muerte de su familiar, resultan difíciles de entender en boca de un gobernador.
Se puede cuestionar lo que ella diga. Se puede estar en desacuerdo con sus declaraciones. Incluso se puede responder políticamente. Pero hay momentos en los que la prudencia debería imponerse sobre el ego y la confrontación.
Gobernador Arana, usted tiene poder, pero el poder no le concede autoridad moral para humillar a una mujer que está atravesando un momento de dolor.
Y aquí vale la pena recordarle una vieja enseñanza que no debería perderse con los años ni con los cargos: es de mala educación hablar con la boca llena.
Porque mientras algunos hablan desde la comodidad del poder, otros están viviendo el dolor, la incertidumbre y las consecuencias de una violencia que no distingue entre amigos, enemigos, ricos o pobres.
Qué fácil es hablar cuando se está sentado en el poder.
Qué fácil es señalar cuando se tiene una administración, una maquinaria política y un micrófono disponible.
Lo verdaderamente difícil es demostrar grandeza cuando se tiene la posibilidad de responder con dureza y, aun así, se decide actuar con humanidad.
Gobernador, nadie le está diciendo que sea silencioso. Bolívar necesita un gobernador que reclame, que defienda los intereses del departamento y que tenga carácter. Pero carácter no es insultar. Carácter es saber cuándo hablar, cómo hablar y, sobre todo, cuándo guardar silencio.
Porque los cargos pasan.
Las mayorías cambian.
Las redes sociales olvidan.
Pero las palabras quedan.
Y algún día, quienes hoy hablan desde arriba pueden terminar mirando desde abajo.
Por eso, gobernador Arana, antes de volver a disparar desde el micrófono, sería bueno recordar que la política también exige modales.
No todo lo que se piensa se dice. No todo lo que se puede decir debe decirse. Y no todo lo que genera aplausos en redes sociales es digno de un gobernador.
Usted viene de una buena familia. Seguramente allí también le enseñaron que, cuando uno está sentado a la mesa, debe cuidar los modales.
Porque nunca se sabe cuándo la vida puede obligarlo a cambiar de silla.
Y entonces quizá comprenda que es de mala educación hablar con la boca llena cuando uno también puede terminar sentado en la cocina.
