Cesar bajo fuego: ¿las autoridades están perdiendo el control?

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Por: Miguel Macea Di Martino

Algo está pasando en el Cesar y sería irresponsable mirar hacia otro lado.

Los recientes ataques registrados en Pelaya, Pailitas y en jurisdicción de El Paso dejan una señal de alarma que las autoridades departamentales y nacionales deben tomar con absoluta seriedad. Más allá de determinar la responsabilidad individual en cada hecho, la frecuencia y naturaleza de estas acciones muestran que los grupos armados están intentando recuperar protagonismo y capacidad de intimidación en sectores estratégicos del departamento.

Y aquí aparece la pregunta incómoda: ¿se trata simplemente de una cadena de ataques o estamos frente a un desafío calculado a la autoridad del Estado?

Cuando una organización armada logra golpear instalaciones policiales, utilizar explosivos, o generar zozobra en corredores estratégicos, no solamente está atacando a la Fuerza Pública. También está intentando demostrarle a la población que tiene capacidad para aparecer, atacar y desaparecer.

Eso es precisamente lo que las autoridades no pueden permitir.

Militarizar después de un ataque puede ser necesario, pero la seguridad no puede convertirse en una política de reacción permanente. Los ciudadanos necesitan saber qué se está haciendo para anticipar estas acciones, identificar redes de apoyo, proteger la infraestructura estratégica y recuperar el control territorial.

Porque hay algo peor que un ataque: que la población termine acostumbrándose a ellos.

El Cesar no puede normalizar las explosiones, los ataques contra estaciones de Policía ni la presencia de estructuras armadas. Tampoco puede aceptar que municipios como Pelaya, Curumaní, La Jagua, Becerril, Chiriguana, Pailitas y El Paso sean vistos únicamente como escenarios donde las autoridades llegan después de que ocurre la tragedia.

Aquí se necesita una respuesta integral y contundente. Inteligencia, investigación judicial, presencia militar y policial permanente, protección de las comunidades y coordinación entre las autoridades locales y nacionales.

El mensaje debe ser claro: en el Cesar la autoridad no puede ser intermitente ni llegar después de los hechos.

Si los grupos armados están midiendo la capacidad de respuesta del Estado, este es el momento de demostrarles que se equivocaron de territorio.

Porque perder el control territorial no ocurre de un día para otro. Comienza cuando la violencia deja de sorprender y termina cuando la sociedad empieza a verla como algo normal.

Y el Cesar no puede darse ese lujo.


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