La Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia confirmó la condena de 17 meses de prisión y suspensión de la licencia en contra del médico Ramiro Alberto Pestana Tirado.
El Alto Tribunal no admitió la demanda presentada por la defensa del médico Pestana Tirado y confirmó la condena impuesta en mayo de 2019 por el Juzgado Segundo Penal de Montería.
El cirujano Ramiro Pestana Tirado fue hallado responsable por el delito de lesiones personales culposas, al intervenir quirúrgicamente con fines estéticos sin poseer la idoneidad profesional.
Este caso tiene su origen en un proceso promovido por la joven Diana Paola Cordero Moreno, quien en diciembre de 2011 se sometió a una abdominoplastia con el mencionado cirujano y a las pocas semanas se empezó a tener complicaciones.
Tras una larga batalla judicial, en mayo de 2019 el Juzgado Segundo Penal de Montería profirió sentencia condenatoria de primera instancia, el fallo fue ratificado en octubre por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Montería.
La defensa Pestana Tirado había interpuesto un recurso ante la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, pero la demandan no fue admitida, por inobservancia por parte del demandante de los principios de no contradicción, coherencia y autonomía de causales.

Para la Corte Suprema no se violó el debido proceso al cirujano Pestana Tirado, tampoco hubo vicios de ilegalidad en las pruebas aportadas durante el juicio y se comprobó que la paciente había advertido al cirujano ser alérgica a la penicilina.
Diana Cordero Moreno aseguró que tuvo que superar varias crisis cuando su abdomen quedó deformado por una liposucción y una abdominoplastia que le hizo Pestana y que pese a la lentitud de la justicia, sentó un precedente para las personas que se sometan a un procedimiento estético.
Explicó que luego de la cirugía, la herida que tenía en el abdomen se le infectó y por ello tuvo que someterse a cuatro intervenciones para remover el tejido podrido, lo que le implicó una incapacidad de nueve meses, tiempo en el cual tuvo que permanecer en su casa tomando antibióticos y aplicándose tres cremas especiales.
También contó que se le cayeron los dientes, se le dañó el pelo, se desmayaba, la tenían que inyectar en el cuello porque sus brazos ya no resistían una inyección más, pero lo más grave de todo, según afirmó, es que el médico nunca le respondió por lo que le había ocurrido, razón por la que empezó la batalla jurídica.
