
En lo corrido del año, 26 mujeres han sido asesinadas, una cifra alarmante que deja en evidencia las fallas estructurales en materia de prevención, protección y justicia.
Los recientes casos registrados en Sabanagrande y Baranoa han generado indignación entre la ciudadanía, no solo por la brutalidad de los hechos, sino por la reiteración de un patrón que parece no tener freno.
Aunque las autoridades anunciaron una recompensa de hasta 30 millones de pesos para dar con los responsables del asesinato de Julia Barrios, estas medidas son percibidas como reactivas y tardías frente a una problemática que exige estrategias de fondo.
La situación se agrava con la limitada capacidad operativa en municipios clave. En Sabanagrande, por ejemplo, el reducido número de uniformados resulta insuficiente para garantizar la seguridad de miles de habitantes, lo que deja amplias zonas vulnerables al accionar delictivo.
Más allá de las cifras, estos crímenes reflejan una crisis profunda en la protección de las mujeres, donde la violencia de género se entrelaza con problemas como la presencia de estructuras criminales y la débil respuesta institucional.
Mientras no se implementen políticas integrales y sostenidas, el Atlántico seguirá sumando víctimas en medio de una realidad que ya no admite más indiferencia.
