La Casa de Gobierno del Cesar: una maquinaria que sigue vigente

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Cuando muchos creían que la Casa de Gobierno del Cesar estaba a las puertas de su declive político, tras los resultados de las elecciones parlamentarias y el panorama que comenzó a configurarse con las presidenciales, todo indica que el desenlace será distinto.

La percepción inicial apuntaba a un debilitamiento de la estructura que ha gobernado el departamento durante cuatro períodos consecutivos. Sin embargo, los hechos demuestran que dicha organización conserva una importante capacidad de maniobra y adaptación.

Aunque el gobierno departamental no presentó un candidato propio a la Cámara de Representantes, logró mantener representación en el Congreso mediante alianzas estratégicas que permitieron la elección de Mello Castro por el Partido Liberal y de Gumer de la Peña por el Partido de la U. Al mismo tiempo, su senador, quien durante varios períodos ha representado a este sector político, parecía no tener asegurada una nueva elección.

Las elecciones presidenciales también generaban incertidumbre. Si el uribismo regresaba al poder con Paloma Valencia o si el Pacto Histórico lograba mantenerse en el Gobierno Nacional con Iván Cepeda, la gran alianza política que ha sostenido el poder en el Cesar podría enfrentar dificultades para conservar su hegemonía.

Por un lado, Claudia Margarita Zuleta, hoy senadora de la República, llegaba fortalecida tras su elección en la lista del Centro Democrático. Después de haber sido la principal contradictora de la Casa de Gobierno en las dos últimas contiendas, su presencia en el Senado le otorgaba mayor visibilidad, recursos políticos y proyección para disputar el liderazgo regional.

Por otro lado, se especulaba con una posible aproximación entre el Pacto Histórico y el representante Ape Cuello. De concretarse esa alianza, Cuello podría haberse apartado del bloque político tradicional para acercarse al Gobierno Nacional, buscando garantías para el proyecto político que hoy gobierna Valledupar bajo la administración de Ernesto Orozco.

A su vez, el Pacto Histórico contaba con figuras de alcance departamental como Fredys Socarrás, Juliana Guerrero y Carlos Felipe Quintero, este último con aspiraciones iniciales a la Alcaldía de Valledupar. Desde allí podía surgir una candidatura competitiva para disputar la Gobernación del Cesar.

No obstante, el escenario cambió. La imposibilidad de que Paloma Valencia y el Centro Democrático alcanzaran la segunda vuelta presidencial redujo las expectativas de que Claudia Margarita Zuleta se convirtiera en la principal interlocutora regional de un eventual gobierno nacional afín. En caso de una victoria de Abelardo de la Espriella, su papel sería más el de una aliada política que el de una figura determinante dentro del poder central.

Al mismo tiempo, la posible alianza entre el Pacto Histórico y Ape Cuello parece haberse debilitado. Los resultados electorales dejaron un ambiente de inconformidad dentro de ese sector político, especialmente porque las metas trazadas para el Cesar no se cumplieron. Mientras algunos proyectaban superar los 300 mil votos, la votación terminó alrededor de los 225 mil, con una diferencia cercana a los seis mil votos frente a Abelardo de la Espriella.

De no alcanzar la Presidencia en segunda vuelta, el Pacto Histórico podría enfrentar un proceso de fracturación interna. Se trata de una colectividad que aún se encuentra en consolidación y que, tras apenas cuatro años en el poder, necesita más tiempo para afianzar una estructura partidista sólida y permanente, más allá de la coyuntura que representó la llegada de Gustavo Petro a la Presidencia.

Todo esto le permite a la Casa de Gobierno volver a jugar en el escenario que históricamente más le favorece: una oposición dividida. Hoy el panorama muestra, por un lado, a Claudia Margarita Zuleta y al Centro Democrático impulsando un candidato propio, y por el otro, al Pacto Histórico preparando también su propia apuesta electoral.

En estas circunstancias, la gran beneficiada parece ser la estructura política que actualmente controla el departamento. A diferencia de otras elecciones, no tendrá que promover candidaturas alternas para fragmentar a sus adversarios. Esta vez, las divisiones surgen de manera natural debido a las profundas diferencias ideológicas y estratégicas existentes entre los sectores que pretenden disputarle el poder.


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