Las repetidas equivocaciones de Iván Duque. Por: Miguel Macea Martínez

Tal como van las cosas, en materia de seguridad, inversión social, administración de justicia, desarrollo económico y relaciones internacionales, en general en todos los sectores, el país, como nunca, está perdiendo su norte, batalla que no creo que el presidente Iván Duque logre superar durante su cuatrienio de gobierno, sobre todo si no logra armar una mayoría contundente en el Congreso que le permita sacar adelante los grandes temas de gobierno, que a más de seis meses aún no sabemos cuáles son.

Hoy parece que la improvisación, el egoísmo y la soberbia del presidente Duque lo pueden hacer tambalear y caer en su propio laberinto donde sus aliados mañana pueden convertirse en sus peores enemigos, como ha sucedido ya con otras administraciones.

Son tantas y tan seguidas las equivocaciones y decisiones de gobierno que ha tomado Duque, que hoy parece un presidente autista, que pareciera escuchar el automatismo interiorizado en importantes sectores de la sociedad, que está creando un entorno favorable a proyectos político-militares de tipo contrainsurgentes en el ámbito local, regional o nacional, y que alimenta comportamientos excluyentes y de tendencia antidemocrática, como es el exterminio de los colombianos que nos atrevimos apoyar el proceso de paz entre el Gobierno Nacional y los rebeldes de las autodenominadas guerrillas de las FARC-EP, hoy convertidas en movimiento político.

Para nadie es un secreto que la ruptura y desconocimiento de Duque al proceso de conversaciones entre el Gobierno y la insurgencia del Ejército de Liberación Nacional (Eln) en La Habana Cuba es otro de los actos de soberbia y miopía política, obedeciendo a una matriz de opinión que se intenta construir desde los sectores guerreristas que quieren revivir a como dé lugar al Eln, la FARC de los años 80, 90 y 2000 y desde allí presentarse como los salvadores del país, como ya sucedió con el presidente y hoy senador Álvaro Uribe Vélez.   Situación que da entrada a una guerra de desgaste, expresada en el recurso del sabotaje y el terrorismo.

Estos hechos, aunados a los ya conocidos problemas de corrupción que producen asco entre la ciudadanía que no encuentran en el inmediato ahora una respuesta contundente del Gobierno Nacional a esta calamitosas situación que agobia a los colombianos y que los arrastra por el camino del pesimismo y la zozobra, afectando notablemente la gobernabilidad de Duque.

Ahora bien, la otra incertidumbre que también es caldo de cultivo a la desazón de los colombianos son los problemas que viene afrontando la economía, que no parecía encontrar el camino para salir del ciclo recesivo y retomar una dinámica de crecimiento sostenido.

Hoy me atrevo a afirmar que se equivocan quienes piensan que frenar el avance de la justicia para favorecer a corruptos puede beneficiar a unos cuantos y quedar impunes. No solo es una falsa ilusión, sino que las consecuencias las pagarán millones de personas, profundizando la inestabilidad, incertidumbre jurídica y la corrupción.

Estos son los inconcebibles daños colaterales que conllevan la corrupción, el abuso de poder y la cooptación de las instituciones, porque los sectores mayoritarios pagan las consecuencias, de las equivocaciones de sus gobernantes.

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