Leandro Díaz Duarte: La Loba Ceniza

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Por: Samuel Muñoz Muñoz.

Transcurría el año 1.945, y Leandro Díaz, con 17 años de edad, tenía la costumbre de descansar y meditar sobre sus penas y alegrías, debajo de un palo de mamón, en su tierra natal, la vereda de Alto Pino, en la zona de Lagunita de la Sierra, jurisdicción de Hatonuevo desde 1.994, año en que siendo corregimiento de Barrancas, fue erigido en municipio. Lo hacía siempre acompañado de una vieja dulzaina, que le había regalado un tío materno.

Hasta el frondoso árbol llegaba una vecina de catorce años, a encantarse con los lamentos de Leandro y los sonidos gratificantes del melodioso instrumento. La mamá de la joven al enterarse de la razón por la que su hija desparecía de la casa, se dirigió molesta, hasta el árbol donde descansaba Leandro, y sin fórmula de juicio, lo insultó y con espuma en la boca de la ira, le gritó que se olvidara de su hija, que solo un hombre rico podía conquistarla y no un pobre ciego, cara de cualquier cosa, como él… Leandro se sintió ofendido por las imprecaciones de la señora, pero guardó silencio y desde ese momento, comenzó a pensar en la respuesta cantada que le daría a la madre altanera, ya que nunca había enamorado a la hija y mucho menos la había invitado, para que lo escuchara cuando tocaba la dulzaina.

Leandro ya tenía dos referencias de la señora celosa, una de ellas era que solo bajaba al río a bañarse cada ocho días cuando lavaba la ropa, y la otra, que por su mal genio nadie la visitaba, ni siquiera la familia del marido. Por allí, encontró el nobel compositor, el camino para darle respuesta acertada y satírica a la ofensora, mediante una canción que casi ochenta años después, seguimos escuchando, gracias a las magníficas interpretaciones de Ivo Díaz y de Alfredo Gutiérrez. La composición, La loba ceniza, en ritmo de merengue, fue conocida regionalmente, gracias a una banda papayera de Barrancas, y grabada por primera vez, por Abel Antonio Villa, como, La camaleona, sin el crédito a Leandro, como su verdadero compositor. Esta fue la respuesta original de Leandro: Una mujer que vive en la Sierra llego a su casa, y la encontró rabiosa, la encontré con una soberbia, señores con espuma en la boca…

En un Festival Bolivarense del Acordeón, en Arjona (Bolívar), en medio de una parranda en la que se encontraban entre otros, Miguel López, Enrique Díaz, Gustavo Gutiérrez, Sergio Moya Molina, el dos veces rey vallenato Julio Rojas, y el folclorista, Felson Acuña Perea, tuve la oportunidad de preguntarle a Leandro, por su primera canción y me dijo entre risas, que, La loba ceniza, nació del insulto de la señora, y que nunca estuvo en su casa, pero sí preguntó por ella y su estilo de vida; Lo de la espuma en la boca, lo presintió Leandro, el día que lo insultó debajo el palo de mamón.

Ella dijo, porqué tenía rabia se puso al frente y me dio los motivos, porque le llega de visita la familia del marido… Ella vive en la Sierra Nevada pero no gusta de toda persona, porque vive que no se baña como una camaleona. Esa señora tiene una hija que la está criando muy delicada, pero ella vive ceniza, señores seca, que no se baña. Pero ella tiene una hija para su hija, no hay pobrecito que su hija, no es para pobre señores, es para los ricos. Es para los ricos, es para los ricos…

A partir de este percance, comienza Leandro a cantarle con inspiración desbordada, al amor, a sus amigos, a su tierra, pero especialmente a su ceguera, la que nunca consideró un obstáculo para desenvolverse en su rutina diaria, y mucho menos para crear versos sentidos, por el contrario, ver con los ojos del alma, fue fuente permanente de su inspiración, la que siempre expresó en poesías, solo comparables con la de grandes poetas, exaltados con corona de laurel. En el paseo, Dios no me deja, grabada por Los Hermanos Zuleta, en 1.978, deja registrada algunas de sus frases más transcendentales: Él sabía que si me abandonaba Ninguno cantara, como canto yo, he sabido librar la batalla no hay que negar la existencia de Dios.

Que él, la vista me negó para que yo no mirara Y en recompensa me dio Los ojos bellos del alma. En el merengue, Dos papeles, grabada por Jorge Oñate, al lado del rey vallenato, Miguel López, canta en forma lastimera, el desafío que le impone Dios, por su limitación física: Pero Dios no admite rencores: Hijo tú no puedes ser malo si tú tienes el alma buena. No podrás mirar los colores pasarás tu vida cantando para soportar tu ceguera.

Pero me dio valor como un hombre para soportar mi condena. En la canción, La historia de un niño, grabada por su hijo Ivo Díaz, canta su propia vida, premiada con un talento prodigioso y una voluntad férrea, que le permitió superar su difícil condición de miseria y rechazo y le facilitó crecer con su arte, admirado y reconocido, por todos sus compatriotas y en cualquier parte del mundo, donde se escuchen sus bellas canciones. En la casa de Altopino se oyó por primera vez, el leve llanto de un niño que acababa de nacer.

Ese niñito era yo para aumentar la familia, pero que grande dolor sintió su madre querida. En una tarde serena debajo del azul del cielo, se descifraba el misterio el niño tenía una pena…

En el paseo, Soy, grabado por, El Doble Poder en 1.980, expresa desafiante, convencido de su fuerza interior y lleno de convicción: Yo soy el hombre que vive en tinieblas porque negro es el color de mi destino, soy el hombre que emprendió un camino por donde pasa se encuentra con la miseria, yo soy un grito, yo soy la pena soy una queja, soy un suspiro, para la gente soy un problema ni las tinieblas pueden conmigo. El Binomio de Oro, en 1.977, le grabó, Sigo penando, donde plasma con precisión cirujana, su encuentro con el sufrimiento y el dolor, ya que nació con el misterio de no vivir alegre, sino penando: Como soy el penador, vivo penando se escuchan por los aires los gemidos de mi llanto, por donde quiera que voy sigo cantando las tristezas del alma mis negros desencantos, esta honda herida, la tengo que sufrir si Dios, lo quiere, así será mi vida. El maestro Leandro Díaz, nos dejó el día que termina la primavera.

El 22 de junio de 2.013, falleció en la ciudad de Valledupar, a los 85 años de edad, este gran símbolo y digno representante de nuestro folclor.


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