La candidatura presidencial de Paloma Valencia vuelve a quedar en el centro de la polémica tras los cuestionamientos por las alianzas políticas que ha construido de cara a las elecciones del próximo 31 de mayo.
Aunque la aspirante del Centro Democrático ha insistido en que en su campaña “no caben corruptos ni personas con las manos untadas de sangre”, sectores políticos y ciudadanos han puesto la lupa sobre varios de los dirigentes que hoy respaldan su proyecto presidencial, provenientes del Partido Conservador, Partido Liberal, Cambio Radical y Partido de la U.
La controversia aumentó luego de que salieran a relucir nombres de congresistas y dirigentes vinculados a investigaciones por corrupción, escándalos como el de la UNGRD, procesos por parapolítica y antecedentes familiares ligados a condenas judiciales. Según información conocida públicamente, de esas colectividades han salido al menos 316 personas condenadas por hechos de corrupción.
Uno de los casos que más revuelo ha generado es el del exsenador Ciro Alejandro Ramírez, condenado a más de 23 años de prisión por la Corte Suprema de Justicia tras ser hallado culpable de concierto para delinquir agravado, cohecho propio e interés indebido en la celebración de contratos dentro del escándalo conocido como “Las Marionetas 2.0”. Ramírez había expresado públicamente su respaldo a la campaña de Valencia.
A esto se sumó la polémica por un evento político realizado en Cúcuta, cuya logística presuntamente habría sido financiada por Wilmer Carrillo, representante condenado por contrato sin cumplimiento de requisitos legales, situación que desató fuertes críticas contra los acuerdos políticos entre el Partido de la U y el Centro Democrático.
Los cuestionamientos no terminan ahí. La campaña de Valencia también ha sido señalada por el tono confrontacional utilizado contra sus adversarios políticos, especialmente por presuntos episodios de injuria y calumnia dirigidos contra figuras como Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda.
Pese a las críticas, la candidata ha defendido sus alianzas argumentando que “en todos los partidos hay personas corruptas, pero también gente honesta”, y ha reiterado que no tiene ninguna investigación o vínculo personal con hechos irregulares.
Sin embargo, el debate sigue creciendo y amenaza con convertirse en uno de los temas más sensibles de la contienda presidencial, justo cuando la campaña entra en su etapa decisiva.
