Por: Mandrake –
En Valledupar ya no se habla en voz baja: la revocatoria del alcalde Ernesto Miguel Orozco Durán dejó de ser una idea aislada para convertirse en un grito que empieza a retumbar en barrios, esquinas y sectores sociales cansados de lo que califican como una administración sin rumbo.
El descontento no nace de la nada. Es el resultado de una suma de inconformidades que hoy pesan más que cualquier discurso oficial: inseguridad desbordada, obras cuestionadas, falta de empleo y decisiones administrativas que, lejos de generar confianza, aumentan la sensación de que Valledupar va en reversa.
Mientras tanto, el avance político del Pacto Histórico y de sectores alternativos ha encendido una chispa que podría convertirse en incendio.
Hoy, esa fuerza social y electoral no solo incomoda, sino que amenaza con pasar factura en las urnas.
Y es que la percepción en la calle es contundente: muchos sienten que la ciudad se estancó, que el desarrollo prometido nunca llegó y que, por el contrario, lo que sí avanza es el endeudamiento y la frustración ciudadana.
Los promotores de la revocatoria no se andan con rodeos. Hablan de “recuperar la ciudad”, de sacarla de un modelo que, según ellos, favorece a pocos y golpea a muchos. Un discurso que, guste o no, está encontrando eco.
Lo más preocupante para la administración es el silencio. Hasta ahora, el alcalde Ernesto Miguel Orozco Durán no ha enfrentado de fondo este pulso político que apenas comienza y que podría convertirse en el mayor reto de su mandato.
La pregunta ya no es si hay inconformidad. Eso está claro.
La verdadera pregunta es otra, más directa y sin matices: ¿tiene Ernesto Miguel Orozco Durán cómo sostenerse en el poder si la calle decide que su tiempo se acabó?
Porque en Valledupar, cuando la gente se cansa, no avisa… actúa.
