#RelatosFercahino- Por: Félix Carrillo Hinojosa

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«Siempre se habla de la guerra en nuestro territorio, como la única fuente del análisis que se debe hacer, dejando de lado, tantos logros que han permitido el avance en diversos frentes.

Uno de ellos, es la labor del traductor que en el siglo XIX, sin lugar a dudas, marcó un gran tiempo cultural e intelectual, del que existe un sinnúmero de obras, que deben  servir de referente especial, para los mejores pasos que se deben dar en este siglo XXI.

En el contexto humanista como tal, la traducción tiene una trascendental importancia, porque ofrece un canal comunicacional entre diversas humanidades. De no haber sido así, el aislamiento hubiera predominado y no se tuviera toda esa influencia cultural de la que se haga gala, en especial, la literatura, en donde la crítica no se hizo esperar, al sentenciar la mucho dependencia del eurocentrismo.

Muchas personas contribuyeron a la traducción en nuestro medio, como no citar a Miguel Antonio  Caro, pionero intelectual, que logró a través de esa labor, transmitir otros saberes y restituir en otro medio cultural distinto, algo que no se conocía. Demostró él, al igual que otros de su mismo orden, el dominio de varios idiomas, distintos al materno con que se leía su propia cultura, sino que pudo desentrañar otros mundos, para constituir su propia obra y no quedarse en la posición cómoda de ser un reproductor mecánico. Ellos lograron que nuestro país no se ahogara en su propio mundo, con sus historias repetidas de traiciones, guerras civiles y la pequeña mirada de avanzar.

En esa vocación traductora de ese siglo, cuya riqueza se debe en gran medida a la labor de tantas personas, en la que aparece una mujer, que tuvo varias actividades vinculadas con el arte, como el ser escritora, poeta y traductora, en esta última fue donde más brilló, quien nació en la Hacienda de La Mesa de Pacho, Llano de la Hacienda. Desde niña vio a su padre en la labor de la ferretería, y contar las historias que tenían que ver con su amistad cercana con Simón Bolívar, mientras su madre, sobrina nieta del sabio José Celestino Mutis, la preparaba para su temprano matrimonio, con tan solo diecinueve años, con el hombre de negocios Enrique Cortés Niño, vicepresidente de la junta directiva del comercio de la capital, quien era hijo de Pedro Cortés Holguín, presidente del Estado Soberano de Boyacá.

Su anhelo de conocer las diversas muestras culturales, la llevó a distintos lugares de Europa a formarse en las letras, debido a ello, fue considerada como una de las que mejor conocía la literatura inglesa y francesa en nuestro medio, que le sirvió para su actividad como traductora.

Toda su obra poética, traducciones y notas sueltas, fueron publicadas en los periódicos Iris y La Patria, con los mejores comentarios. En todo ese trabajo literario usó los seudónimos de «Belisa» y «Adah», con los que su pudor y recato, propios de la época, resguardó su identidad, para evitar el señalamiento de que era objeto la mujer, por meterse en actividades propias del hombre.

Su intensa actividad cultural la llevó a ser seleccionada y representar a Colombia, en el Primer Congreso Interamericano sobre el Bienestar de los Niños.

En uno de esos tantos viajes, que realizó a Europa donde tenía su familia, fue sorprendida en alta mar, por una tormenta que hundió el barco donde viajaba.

Su nombre figura como una de las más cultas y refinadas del siglo XIX, al lado de Josefa Acevedo de Gómez, Silveria Espinosa de Rendón, Agripina Samper de Ancizar y Agripina Montes.

En la celebración de los más de cuatro siglos, de la fundación de su pueblo natal, que se celebra los 25 de agosto, se lanzó una extensa investigación sobre su vida, en la que aparece grandes trazos de su obra, Insertada en la antología,  que la llevo a que su nombre esté, en el catálogo extenso de las voces poéticas, cuyo lirismo tiene rostro de mujer.

Pese a no publicar un solo libro, su obra está regada en diversas publicaciones, las cuales no han terminado de recoger los especialistas.

Ella hace parte de las historias, que hablan por el período de la República de Nueva Granada, de la poesía que circuló bajo seudónimos, escrita por mujeres que se sobrepusieron al peso de la voz autoritaria del hombre, que no las dejaba respirar, hecho que aún hoy día, sigue como una marca sin quitar.

En el parnaso colombiano, cuya colección de poesías escogidas existe, dan cuenta de su presencia intelectual. Ella, junto a tantas de su época, son un ejemplo para esta nueva generación, en donde la capacidad de nuestras mujeres debe sobresalir por la fuerza de su talento y no por ser mostrada o ir detrás del hombre». Fercahino(Isabel Bunch Mutis, «Belisa» y «Adah» , nació en Pacho, Cundinamarca el 24 de abril de 1845 y falleció en alta mar, el 21 de marzo de 1921. Padres Dolores Mutis Amaya y Robert Henry Bunch Woddside) #RelatosFercahino


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