En una columna de opinión publicada para el Espectador por parte de Santiago Gamboa, el escritor explica que con la desmovilización de las Farc y la llegada del uribismo nuevamente al poder, se ha permitido que el paramilitarismo tenga una “increíble remontada” en el país, haciéndose notar con las constantes amenazas y homicidios contra gran cantidad de líderes sociales, defensores de derechos humanos y representantes de la campaña de Gustavo Petro.
Como algo “profundamente errado” en el país, describe Gamboa a las situaciones de amenazas contra líderes, teniendo en cuenta la ocurrida contra la profesora Dayanira, conocida por la grabación de la llamada en la que es amenazada, la cual resulta ser un momento terrorífico y oscuro.
Según el columnista, “la reactivación” del paramilitarismo tuvo sus primeros saltos con la desmovilización de las Farc, pero presentó un aumento realmente notable y asombroso con las campañas electorales; finalmente con la victoria del uribismo en las presidenciales, “se desencadenó, se desató” como si tuvieran un impulso con el nuevo gobierno para poder “ensancharse naturalmente”, lo que les brindará la oportunidad de nuevamente “matar al que se les dé la gana”.
Igualmente manifiesta que la situación actual del país tiene al presidente Santos sin cuidado de lo que sucede, pues ya está en un punto en el que va simplemente de salida y no intercede en dichas problemáticas, mientras que Iván Duque por el contrario, como aún no se ha posesionado, no tiene ni voz ni mando sobre el país, por lo tanto, se desliga de responsabilidad sobre lo que está pasando.
“De algún modo, el sillón presidencial está vacío”, manifiesta Gamboa, criticando la actitud del presidente electo, quien ha llegado a un punto de no pronunciarse sobre esta crisis por la que está pasando el país, a menos que alguien se lo pregunte directamente, lo que aprovecha para rechazar estos actos como lo haría cualquiera de manera natural, pero nunca por iniciativa propia.
“Su silencio es tan aterrador como las imágenes de los cadáveres, porque encarna el desinterés por ese dolor humano. Si nadie se lo pregunta, él se concentra en las cosas que sí le importan, como la costilla rota del senador Uribe”, añade la columna. Fuente consultada: El Espectador.
