El éxito del régimen nazi en la Alemania de Adolf Hitler, obedeció a la eficacia que tuvo el mensaje ideológico del dictador en esa sociedad intelectual, al punto, de convencerlos en la demencia de ser una raza superior en la tierra. Esto pudo solo ser posible, por la creación original de una propaganda política y la instrumentalización de los medios de comunicación que ayudaron con la legitimidad del régimen. El resultado fue la segunda guerra mundial y el genocidio del pueblo judío.
En los países latinoamericanos, proliferaron las dictaduras, con la conocida operación cóndor, respaldada por los Estados Unidos, que consistió en represión y terrorismo político por parte del Estado al pueblo que exigía cambios sociales, nuevamente los medios fueron eficientes en la instauración y legitimidad de estás dictaduras.
Un clásico ejemplo de este binomio de política y medios de comunicación en las dictaduras latinoamericana, fue lo sucedido en la Argentina (1976-1983), el periodismo de los distintos medios se dedicó a ocultar el terrorismo del Estado, fue un cómplice, aunque, el gobierno militar toleraba una cierta critica morigerada para algunos funcionarios o sectores del gobierno buscando falsear la verdad y así vender la imagen de Videla, como la de un general moderado y republicano, adormeciendo la sociedad, mientras violaban sistemáticamente los derechos humanos y causaron más de 30.000 desaparecidos y 400 niños robados.
De manera, que la política (poder) y medios de comunicación (periodismo) siempre han tenido una relación estrecha para maniobrar las conciencias colectivas y así poder manipular y coaccionar al individuo en la sociedad. De ahí, que las verdaderas dictaduras siempre se preocupan por captar o crear sus propios medios de comunicación como instrumento (órgano) efectivo de sus mensajes políticos que justifiquen su gobierno y sus crímenes.
En la actualidad, son pocas las dictaduras que existen en el concierto internacional de la política, pero los medios continúan siendo instrumentos del poder que justifican tanto a gobiernos dictatoriales como “democráticos.” Ellos son una herramienta del poder político o económico de las elites que logran poseer al Estado para garantizar y prologar sus privilegios.
En ese sentido, la periodista Anne Applebaum, manifiestan que existen muchos gobiernos que se disfrazan de democracia y en realidad son dictaduras blandas que no requieren de la violencia masiva para mantener o retener el poder. Para eso, tienen un cuadro de elite que dirige la burocracia del Estado y los medios de comunicación. Cuentan con todo un equipo de periodistas a sueldo que escriben lo que se necesita para engañar a los ciudadanos y otros de seudo – académicos que acomodan análisis e interpretaciones amañadas de contextos históricos, jurídicos, económicos, políticos y sociales para crear verdades postizas que tergiversan la realidad de una sociedad aprovechan para fomentar la ignorancia y sostenerse como elite en el poder.
Indudablemente, es un periodismo militante con objetivos políticos y económicos claros al servicio de quienes están en el poder. Justamente, estamos observando eso, en la campaña presidencial de 2022, cómo los periodistas de los distintos medios han tomado militancia y partido en la contienda electoral con Fico Gutiérrez, en contra al cambio que representa Gustavo Petro, a quien consideran realmente no un enemigo de la democracia, sino de sus interés y privilegios como pequeña elite que explota a la gran mayoría. Han llegado al punto que no les importa guardar las formas y apariencias de su imparcialidad periodística, sin interesar que nosotros los receptores nos damos cuenta de sus mentiras, montajes y ataques sistemáticos en vivo al candidato Petro.
El hecho es realmente vergonzoso y preocupante el deber ético de los medios aparte de informar es ayudar como control social, un papel importante, dentro del juego de la democracia, el periodismo real siempre será contra poder. Y ahí, es donde se hace vital su existencia para la vida democrática, sobre todo, en gobiernos que intentan camuflarse de democráticos como el actual del presidente Duque.
El problema en este país, es que las elites económicas y políticas con los medios de comunicación son como especie de una masa amorfa, porque aquí, todos son nada y nada son todos. Empresarios políticos y periodistas se entrecruzan en las funciones de la burocracia y del control que asalta al Estado. En Colombia como en la película de Luis Estrada, las elites han logrado construir una “dictadura perfecta” que nos esconde la verdad y nos hace creer que, en este país, todo anda bien, y es normal vivir en la violencia, en la corrupción, la pobreza y el hambre.
Al Margen: El director del partido Liberal Cesar Gaviria, trasgredió todas las líneas rojas del liberalismo, sencillamente las borró, olvido que el liberalismo se alimenta de las distintas corrientes o matices de izquierda y es un partido filial a la socialdemocracia, por lo tanto, es un partido comprometido con la democracia y la justicia social. ¿Ahora Gaviria? que tiene de democrático y de justicia social apoyar a Uribe (Fico=Duque 2.0). Entonces, habrá dos partidos conservadores el azul y el rojo.
