El eco de la Sierra de One: El nacimiento de los Montes de María

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Caminar hoy por los senderos que trepan la serranía entre Bolívar y Sucre es pisar una historia de dos mundos.

Antes de que los mapas oficiales trazaran fronteras, estas cumbres se llamaban la Sierra de One.

El viento que soplaba entre los árboles de caracolí no conocía otro nombre, y la nación Malibú, pariente de los sabios Zenúes, era la única dueña de los secretos que escondía el bosque seco tropical.

Sin embargo, el destino de estas tierras cambió en 1535. El silencio de la selva se rompió con el crujir de las armaduras de Alonso de Heredia.

El explorador, hermano del fundador de Cartagena, no buscaba solo oro, sino dominar la geografía.

Al contemplar la imponente cadena de cerros que se alzaba frente a él, decidió bautizarla con un nombre que resonaba en su fe y en su lengua: María.

Lo que hoy conocemos como los Montes de María no nació solo de un decreto, sino de un proceso de olvido y renacimiento.

Durante décadas, la serranía fue un refugio silencioso, hasta que el 6 de agosto de 1776 la historia dio un vuelco definitivo.

En aquel caluroso día de agosto, nació el Sitio de Nuestra Señora del Carmen, lo que hoy es El Carmen de Bolívar.

Ese acto de fundación no solo trajo campanas y rezos, sino que selló para siempre el nombre colonial sobre el indígena.

La Sierra de One pasó a los libros como un susurro del pasado, mientras que los Montes de María se erigieron como el corazón agrícola y cultural del Caribe. Hoy, el nombre de María no es solo una herencia española; es el apellido de una tierra que, a pesar de las cicatrices del tiempo, sigue floreciendo bajo el sol de la montaña.


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