ELN respondió con fuego: paro armado llegó después de una semana de ataques en Cesar

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El sur del Cesar quedó convertido en el principal escenario de la confrontación entre el ELN y el Gobierno.

La escalada armada que golpeó al Cesar durante los últimos días terminó con un nuevo desafío del ELN: un paro armado que fue anunciado para municipios del Cesar y Magdalena, después de una sucesión de ataques contra la Fuerza Pública y la infraestructura estratégica de la región.

La ofensiva comenzó en zona rural de Pelaya, donde tropas del Ejército que adelantaban operaciones contra estructuras del ELN fueron atacadas con drones cargados con explosivos. En esa primera acción resultaron heridos tres soldados. Al día siguiente, otro pelotón del Batallón Especial Energético y Vial N.° 3 fue atacado con más de 40 dispositivos explosivos, dejando otros dos militares heridos.

La violencia también alcanzó la infraestructura económica. El 27 de agosto, un artefacto explosivo afectó la línea férrea en jurisdicción de El Paso y provocó daños a un tren carguero de Drummond. Por este hecho, el Ejército capturó posteriormente a cuatro personas señaladas de pertenecer al Frente Camilo Torres Restrepo del ELN e incautó cinco armas largas, un arma corta y munición.

Pero el golpe más reciente ocurrió en Pailitas. La estación de Policía fue atacada con drones y artefactos explosivos durante la noche del 29 de agosto. Tres uniformados resultaron heridos, uno de ellos de gravedad, en una acción que provocó el refuerzo inmediato de la Fuerza Pública y la militarización del municipio.

Horas después comenzó a circular un comunicado atribuido al ELN en el que se anunció un paro armado desde las 8:00 de la noche del 29 de agosto hasta el 31 de agosto. En el Cesar fueron incluidos Pailitas, Pelaya, Tamalameque y La Gloria, mientras que en Magdalena apareció El Banco y varios sectores rurales.

La secuencia dejó una lectura contundente: el paro armado no apareció como un hecho aislado, sino en medio de una confrontación que había escalado durante varios días y después de que el Gobierno anunciara un plan de choque para golpear las estructuras del ELN en el Cesar. El propio presidente había advertido que la Fuerza Pública pasaría a una ofensiva total contra quienes atacaran a la población y la infraestructura del departamento.

El balance de esa semana mostró, por un lado, una ofensiva estatal que produjo capturas y decomisos; y por el otro, una respuesta armada del ELN que utilizó drones, explosivos y ataques contra instalaciones policiales e infraestructura estratégica. El resultado fue una nueva disputa por el control territorial en el sur del Cesar, con la población civil en medio de una confrontación que había dejado de ser una amenaza y había pasado nuevamente a los hechos.


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