Por: Felipe A Priast
A veces, viendo todas las cosas que pasan en Colombia de todo tipo, y los comportamientos y formas de los colombianos, en especial, de la gente de los estratos más bajos, me pregunto si lo corroncho y lo mafioso no son nuestros verdaderos sellos de identidad, y quizá yo, desde el privilegio, he fallado en entender este sello de identidad del colombiano.
De hecho, Colombia es tan provincial y tan falta de formas civilizadas, que yo diría que hasta la autodenominada “gente bien” en Colombia es medio corroncha y medio mafiosa. Estos dos trazos de nuestro carácter no están reservados para los estratos más bajos, si no que hacen parte del carácter de todos los colombianos. En Colombia no existe gente “sofisticada”, en el sentido estricto de la palabra, y a lo máximo a lo que se puede aspirar es al “snobismo” de la sociedad bogotana. Ese es el punto más alto de la “distinción” y la “sofisticación” de nuestro carácter. Al menos para mí, y quizá esto lo digo porque ya he vivido tanto tiempo afuera, yo no veo a nadie en Colombia que personifique aunque sea un poco de clase como yo la entiendo. Como digo, a lo máximo a lo que podemos aspirar es a snobs, a gente de comportamientos cretinos, a pretensiosos con ínfulas aristocráticas sin poseer nobleza; a payasos con comportamientos ridículos y provincianos. Y entre estos comportamientos ridículos y provincianos incluyo el snobismo de los bogotanos, el “montañerismo” de los paisas de clase alta, y la ridiculez de los costeños “de bien”. A mí la gente “bien” de Barranquilla (y otras partes de la Costa para ser honestos) me da tanta risa como la gente del pueblo. A mí los bogotanos de “bien” me hacen reír tanto como los de clase baja, los de Modelia o las Cruces. Y con los paisas me pasa algo y es que, no puedo diferenciar entre los “bien” y los no “tan bien” porque entre tanto montañerismo tan homogéneamente distribuido no puedo hacer la diferencia. A veces el color de piel te da una idea, porque, lamentablemente, las clases sociales siguen en Colombia líneas raciales, pero es difícil para mí decir quién es el paisa “bien” y quien no. Lo único cierto es que nadie en Antioquia parece tener 3 gramos de sofisticación, el provincialismo es rey en esa región del país.
Y desde mi punto de vista Caribe y cosmopolita, todo ese provincialismo se me antoja “corroncho”, entendiendo por este epíteto un individuo provinciano, sin formas refinadas, sin exposición al mundo por fuera de su quebrada o vereda. Y esto lo aclaro porque en el interior del pais hay mucha gente cree que lo “corroncho” es todo lo costeño, y no es así. “Corroncho” es aquel a quien todavía se le ve el cadillo en la bota del pantalón porque su hábitat natural es el campo, y por lo tanto, la exposicion al medio urbano expone su condición provincial.
Ustedes se estarán preguntando, “y bueno, ¿de dónde sale toda esta historia sobre los corronchos de Felipe hoy?” Y todo esto viene de algo que vi anoche que me ha llamado la atención, y que hoy he confirmado por otro lado.
Resulta que todas las noches veo un programa de fútbol español que se llama “El Chringuito de Jugones”, y lo veo porque soy hincha del Madrid y sigo de cerca la liga española, quizá la única liga que sigo atentamente. Soy seguidor fiel de este programa y lo veo a diario desde hace como 6 años via YouTube.
En estos momentos, en el Chiringuito están siguiendo de cerca las nuevas contrataciones de los equipos españoles de Primera División, y como ustedes ya deben saber, uno de los refuerzos que el Barça está contemplando es Luis Díaz, nuestro flamante delantero del Liverpool, quien hace pocos días se casó con su novia de toda la vida, en Barranquilla.
El caso es que la vaina está entre Luis Díaz y Nico Williams para reforzar el ataque del Barça, y desde hace semanas los del Chringuito han estado cubriendo las noticias sobre ambos, porque quieren tener la primicia el día que el Barça se decida.
Dentro de ese cubrimiento fueron -u obtuvieron- vídeos del matrimonio de Luis Díaz, y además de mostrarlo bailando a todo taco con su mujer y sus amigos, y además de mostrarlo cantando vallenatos, mostraron el DIAMANTE que Luchó se zampó en uno de sus dientes, tal cual Diomedes .
Ustedes no tienen idea la risa y la burla que esa escena causó en el set del Chiringuito, y yo interiormente sentí una pena ajena como colombiano, aunque yo también estaba cagado de la risa.
Lucho es un bacan, el man es un crack, como deportista. Yo solo puedo ofrecer cumplidos a un jugador que creo que es el jugador más exitoso en la historia del fútbol colombiano. El partido que se fajó el otro día en Buenos Aires fue de crack mundial. Pero, loco, yo no puedo dejar de pensar que, toda esa grandeza deportiva, todo el dinero ganado, y toda la exposición cultural que ha tenido en un país como Inglaterra, no le ha servido para nada para que el tipo deje de imitar a Diomedes, e imitarlo de una manera tan vulgar y ordinaria como zamparse un diamante en un diente.
Yo no entiendo que alguien crezca cultural, social y económicamente, como Lucho, y todavía esté atado a esos “atavismos” culturales colombianos que exhiben nuestra corronchera, porque somos un pueblo corroncho, es la verdad. Además de Diomedes y uno que otro rapero negro americano, ¿cuánta gente ha visto Lucho en el mundo con diamantes en los dientes como para creer que eso es una moda imitable? ¿Cuál es el orgullo de imitar a semejante corroncho como Diomedes después de haber alcanzado tanta fama y reconocimiento a nivell mundial.
No sé si entienden lo que digo. Es mi creer que, en la medida en la que el mundo de uno se expande, uno asimila cosas de ese mundo que lo “mejoran” social y culturalmente. Por ejemplo: me vuelvo un jugador famoso y millonario, y con el dinero ganado puedo acceder a prendas exclusivas, o carros lujosos, o propiedades exclusivas. Puedo expander mi mundo cultiralmente y viajar, probar otras comidas, apreciar otros artes. ¿Pero hacerte famoso y millonario y ponerte un diamante en un diente? ¿Eso en donde lo vio Lucho? ¿en Inglaterra?, ¿en Portugal?, ¿en que otra parte del mundo, que le pareció digno de ser copiado? ¿Qué persona distinguida, o qué actor de cine, o que socialité, se ha zampado un diamante en un diente que merezca copiar esa moda?
Es obvio para mí que eso no lo copió de algo que vio afuera, eso lo copió de Diomedes, porque Lucho es guajiro y su ídolo musical debe ser Diomedes.
¿Pero cómo explicarse que un tipo tan viajado y expuesto como Lucho tenga a Diomedes como faro de moda? Diomedes es uno de los tipos más corronchos, provincianos y ordinarios que ha dado Colombia, y de hecho, yo lo recuerdo con algo de cariño porque siempre me pareció un “corroncho entrañable” que me hacía reír nada más oírlo hablar. Pero a mí nunca se me ocurriría copiar a Diomedes en absolutamente nada. Pero en Colombia si. En Colombia hay cientos de miles -si no son millones- que imitan la forma de hablar de Diomedes, que recuerdan todo el tiempo a Diomedes, que se ponen diamantes en los dientes como Diomedes (o que aspiran a hacerlo algún día), gente que ha glorificado a Diomedes en todo sentido, no solo musicalmente. Hay gente en el César y La Guajira que hasta le reza y le tiene altar en sus casas. Ese fenómeno de “Diomedes como Faro de Vida” es un fenómeno que me atrae poderosamente la atención. Diomedes como faro que opaca todo lo que Lucho ha visto por fuera de Colombia. Lucho juega en el equipo más exitoso de Inglaterra, vive en la ciudad de los Beatles, el grupo de rock más famoso de la historia; vive en una ciudad que es un emporio de riqueza y uno de los puertos más importantes del mundo; y el tipo hace parte de un equipo cosmopolita con jugadores ingleses, holandeses, egipcios, hungaros, brasileros, etc., y el tipo ignora todo eso y escoge a Diomedes. No solo lo escoge, si no que lo idolatra, lo copia, lo imita. Si ustedes se ponen a pensar en eso, lo que ha hecho Lucho -zamparse un diamante en el diente-, es extraordinario. En los ojos de Lucho, Diomedes ha derrotado culturalmente todo lo que Lucho ha visto alrededor del mundo, y eso es un raciocinio extraordinario, más allá de lo ilógico que suene. Lucho vive en la cima del mundo encerrado en una cápsula de ordinariez, corronchera y chabacaneria. Nada de afuera entra en esa cápsula. En esa cápsula, Dios es Diomedes, punto.
Yo tengo mi teoría de por qué esto es así y por qué creo que es un fenómeno que yo creo que afecta al 98% de los colombianos. La razón por la que Lucho Díaz se encierra en su cápsula de “corronchez” y le da la espalda al mundo es porque lo corroncho y lo mafioso es lo suyo, lo vernaculo, lo que él mamó de niño y el cúmulo de sus aspiraciones.
Yo no tengo evidencias de que que Lucho sea un mafioso de algún tipo, pero como todo colombiano, él también tiene “aguajes” de mafioso, y eso aplica también para el 98% de los colombianos. Lo mafiosos también es parte de lo que somos y de lo que define a un colombiano hoy en día. De hecho -y esto lo dije por aquí alguna vez-, yo considero el narcotráfico como nuestra REVOLUCIÓN SOCIAL. La revolución llevada a cabo por los estratos más bajos de Colombia fue el narcotráfico, traquetear. Después de 50 años de traquetos mundialmente célebres, lo traqueto es lo nuestro, lo colombiano, lo del pueblo. Un colombiano del pueblo surge en la vida de algún modo, y a donde va, lleva lo corroncho y lo traqueto encima porque lo corroncho y lo traqueto son los trazos de su revolución social, su sello de identidad. Lo traqueto y lo corroncho se antepone a lo “bien”, lo odiado “bien”, pues esas formas de la “gente bien” son las formas de los opresores del pueblo. Un colombiano de origen popular escoge sin pensar las forma traquetas y corronchas antes que siquiera pensar en las formas sofisticadas de la clase alta, porque a la clase alta se le odia intensamente. En la mente de gente de extracto humilde como Lucho, es mejor imitar a un Diomedes corroncho y provinciano, que imitar a un ser detestable de formas refinadas como Andrés Pastrana o doña Carmiña de Villegas. En otras palabras, Lucho lleva con orgullo los símbolos de su corronchada para distanciarse de las formas de sus opresores sociales.
Y este largo cuento sobre Lucho Díaz nos lleva, inevitablemente, a los fanáticos de Petro, otro “corroncho” de marca mayor.
Petro es un tipo inteligente, sin duda, pero su ordinariez y su falta de formas refinadas son un imán para sus seguidores, quienes aman esa forma corroncha y rebuscada que tiene Petro para hablar, en donde alarga las eses y pronuncia pobremente términos extranjeros. Sus seguidores dan la vida por Petro y le perdonan todo porque Petro es la encarnación de ellos, de su cultura, de sus formas. La corronchera de Petro es suya, es la misma de ellos, y al igual que en el caso de Lucho Díaz, los seguidores de Petro encuentran en esas formas corronchas una identidad elusiva. La gente del pueblo en Colombia no sabe quién es, o cómo definir su cultura. Por lo tanto, se están encontrando a sí mismos asimilando elementos corronchos y traquetos para definir esa cultura. El “gonorrea” de los paisas, por ejemplo, una expresión de comunas en donde abundaba la gonorrea porque muchos de sus habitantes eran putas o chulos de putas, terminó migrando a todos los estratos de la sociedad paisa, y hoy todo el mundo en Antioquia y otras partes del país usa esa expresión como símbolo de la antioqueñidad. La sociedad paisa se encontró a sí misma cuando empezó a decir “gonorrea”, un término que describe una enfermedad de transmisión sexual propia de trabajadoras sexuales, quienes eran las madres y hermanas de los sicarios de Pablo Escobar. Había tanta gonorrea en esas comunas abandonadas de Dios de Medellin, que la expresión pasó a reemplazar expresiones escatológicas más universales como “‘mierda”, “verga” o “hijo de puta”. En todas partes del mundo se usan estas expresiones, pero solo en Antioquia se insulta llamando a otra persona usando una palabra que denota una enfermedad venerea. “Gonorrea” es lo paisa, lo vernáculo, lo autoctono.
Y ya para terminar, quería mencionar el caso de otro “Lucho”, en este caso, Lucho Herrera, ex-ciclista campeón de la Vuelta a España.
¿Cómo explicarse que este modesto y simpático ciclista de extracción indígena se haya convertido en un paraco que mata a sus vecinos para robarles la tierra? ¿De dónde salieron esos impulsos asesinos?
Volvemos a lo mismo: lo paraco, lo traqueto, como sello de identidad colombiano. Lucho Herrera se encontró a sí mismo como individuo dentro de la sociedad colombiana el día que decidió imitar a los paracos que dominaban la realidad del pais, hasta convertirse él mismo en un paraco y un mafioso.
Esa era su ambición, esa era su cima. No era ganar la vuelta a España, o el Tour, o el Giro, sino matar campesinos como él para robarles la tierra. Y ejemplos de deportistas que se metieron a traquetear después de retirarse hay montones, empezando por Fredy Rincón, el Pitufo de Ávila, el Palomo Usurriaga, etc. La lista es larga. Otra vez, lo traqueto y lo corroncho como sellos de identidad de lo colombiano.
No pierdo la esperanza de que algún día un deportista colombiano vaya a jugar a la Premier y regrese a Colombia después de 10’años exitosos convertido en un gentleman inglés, pero lo más probable es que eso nunca suceda. La cápsula “corroncha” y “mafiosa” del Colombiano de extracto humilde siempre lo va a acompañar, y esa “capota” es muy difícil de remover.
Como pueblo, en líneas generales, tenemos que empezar a aceptar que somos unos corronchos y unos mafiosos patológicos, que ya esos trazos están en nuestro ADN.
Es lo que hay, mis queridas “gonorreas”, no somos más…
P.D: Josep Pedrerol, el moderador y director de “El Chiringuito de Jugones”, el programa deportivo español del que hablo arriba, dijo medio en serio medio en broma que de pronto Joan Laporta, el Presidente del Barça, se decidió por Nico Williams en lugar de Lucho Diaz después de ver el video de Lucho con su diamante en el diente bailando vallenato. Es decir, como si hubiera dicho “traigamos a Nico Williams, esta decidido, yo no quiero a ese corroncho colombiano en el equipo”…
¡Ombe!, si yo no fuera colombiano y costeño, y si no conociera la indiosincracia del pueblo colombiano, en igualdad de condiciones deportivas, yo también creo que me hubiera decantado por Nico Williams, es la verdad.
Nada que reclamarle a Laporta, si ese fue el caso…
