
Durante varios días, los participantes debatirán cómo transformar las economías aún atadas al petróleo, el gas y el carbón, apostándole a nuevos modelos energéticos sostenibles y a una cooperación internacional más efectiva. La diversidad de delegaciones —con fuerte presencia de Europa, América Latina, África y Asia— refleja el alcance de una discusión que ya no reconoce fronteras.
El evento busca aterrizar compromisos concretos en los territorios, mediante propuestas que serán elevadas a líderes y ministros en una fase decisiva a finales de abril. Además, se plantea la creación de herramientas de seguimiento y un respaldo científico que permita medir avances reales.
Esta cumbre se desarrolla en un momento clave para el planeta, tras los compromisos recientes de las negociaciones climáticas globales, y pone a Colombia en el centro de una conversación que podría redefinir el rumbo energético mundial.
