Tres hombres fueron brutalmente asesinados, amarrados y abandonados con un mensaje que no solo los condenó, sino que también lanzó una advertencia abierta en medio de la disputa criminal que desangra la región.
Los cadáveres, arrojados en dos puntos distintos de la zona rural, reflejan un patrón escalofriante: sometimiento total, tortura y ejecución a sangre fría.
No fue un hecho aislado, fue una demostración de poder.
El primer cuerpo apareció en plena vía Riohacha–Cuestecitas, en el kilómetro 9. Tirado boca arriba, con las manos atadas, la cabeza cubierta y perforado por múltiples disparos, como si el objetivo no fuera solo matar, sino enviar un mensaje claro.
Horas después, en el sector Las Toldas, kilómetro 86, el horror se repitió. Dos cuerpos más, también abandonados sobre la carretera, evidenciaban el mismo método: interceptación armada, dominio absoluto de las víctimas y disparos directos para rematar.
Las autoridades identificaron a dos de los asesinados como Ángel Faustino Rodríguez López y Keiner David Mendoza Manjarrez. El tercero permanece sin plena identificación, mientras crecen las sospechas sobre posibles vínculos de una de las víctimas con la Policía.
Pero lo más inquietante no fueron solo los cuerpos, sino lo que los acompañaba: un panfleto con una frase que resume la lógica de esta guerra sin reglas:
“Por sapos y colaborador de los JJ y el Clan del Golfo”.
El mensaje no deja espacio para dudas. Riohacha está atrapada en una confrontación feroz entre estructuras criminales que se disputan el control del narcotráfico, el microtráfico y las economías ilegales como el “gota a gota”.
Lo ocurrido no es solo un triple homicidio. Es una señal de que los grupos armados están imponiendo su ley a punta de terror, mientras la violencia escala y se normaliza en las carreteras del departamento.
