Sucre, secuestrado por la politiquería, corrupción y clientelismo

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Sucre no está atrasado por casualidad. Está atrapado en un círculo vicioso de corrupción, clientelismo y politiquería que durante décadas ha saqueado sus recursos y frenado cualquier posibilidad real de desarrollo.

Mientras las cifras oficiales siguen mostrando pobreza, desempleo e informalidad desbordada, en los pasillos del poder se repite la misma historia: clanes políticos que se reparten el departamento como si fuera un botín.

Contratos amañados, nóminas infladas y favores burocráticos han reemplazado la planificación, la inversión y el bienestar ciudadano.

En Sucre, la política dejó de ser un servicio público hace tiempo.

Hoy, para muchos, es un negocio. Un negocio que se alimenta de la necesidad de la gente, comprando votos con promesas vacías, mercados o puestos temporales, perpetuando así un sistema que castiga al ciudadano y premia al politiquero.

Las consecuencias son evidentes: hospitales colapsados, vías en mal estado, educación rezagada y una economía estancada que no genera oportunidades.

Mientras tanto, los recursos que deberían cerrar brechas terminan diluidos entre sobrecostos, contratos dudosos y decisiones hechas a la medida de intereses particulares.

A esto se suma la falta de liderazgo real. Gobiernos que pasan sin dejar huella, sin visión y sin resultados, mientras el departamento sigue cayendo en los rankings de desarrollo y calidad de vida.

Sucre no necesita diagnósticos: necesita voluntad política y un cambio radical en la forma de gobernar.

Porque mientras la politiquería siga mandando, el desarrollo seguirá siendo un discurso… y el atraso, una condena.


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