Un mes de gobierno y Abelardo ya enfrenta las calles 

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Un mes en la Casa de Nariño y Abelardo de la Espriella ya tiene una protesta en el horizonte. El nuevo Gobierno comienza a enfrentar movilizaciones promovidas por sectores que cuestionan sus primeras decisiones, su discurso de mano dura y, especialmente, la manera como el Presidente ha decidido mostrar los resultados de su política de seguridad.

La inconformidad tiene varios frentes. Organizaciones sociales y sectores de oposición cuestionan lo que consideran un Gobierno excesivamente confrontacional, mientras que defensores de derechos humanos han expresado preocupación por el tratamiento público de las operaciones militares y por el uso de imágenes relacionadas con personas muertas en combate.

Uno de los episodios que más polémica ha generado está relacionado precisamente con la comunicación de los resultados militares. Para sus críticos, presentar los cuerpos de los abatidos como trofeos de guerra cruza una línea delicada y puede terminar normalizando la violencia desde el propio Estado. La Defensora del Pueblo, Iris Marín, también ha cuestionado públicamente este tipo de mensajes y ha advertido sobre los riesgos de convertir la muerte en un elemento de propaganda.

A esto se suman las críticas por el manejo de las comunicaciones oficiales y por el estilo político del nuevo mandatario. Sus opositores sostienen que, en lugar de buscar consensos, el Gobierno ha optado por profundizar la confrontación con quienes piensan diferente. Para ese sector, el problema no es solamente lo que De la Espriella está haciendo, sino la forma en que está ejerciendo el poder durante sus primeras semanas.

Pero el Gobierno tiene otra lectura. Desde la Presidencia se defienden los resultados obtenidos durante el primer mes y se argumenta que los colombianos eligieron precisamente una política de autoridad, seguridad y enfrentamiento directo contra las organizaciones criminales. Sus seguidores consideran que las críticas hacen parte de la oposición política y que el mandatario simplemente está cumpliendo las promesas con las que llegó a la Casa de Nariño.

La primera gran prueba política, sin embargo, podría estar en las calles. Que un Presidente enfrente una movilización de protesta apenas un mes después de asumir no significa, por sí solo, que su Gobierno esté en crisis; pero sí revela que la polarización que marcó la campaña electoral está lejos de desaparecer.

La pregunta ahora es si las protestas crecerán hasta convertirse en un movimiento nacional de rechazo o si terminarán siendo una expresión más de la fuerte disputa política que vive Colombia.


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