Ovejas Sucre, es Cultura Musical para la Vida y la Paz

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La música es un homenaje a la vida. Una evidencia incuestionable de la forma en que el ser humano ha estado creando cultura a través de los siglos, lo cual corrobora, primordialmente, la capacidad que tenemos de hacer perdurar en el tiempo y entre generaciones todo ese legado de expresiones de la tradición.

Así lo hacen visible eminentes juglares como Julio Barrios Ortiz, músicos gaiteros, habilidosos percusionistas herederos de un estimable patrimonio musical, brotado de las entrañas de los Montes de María.

Todos ellos nacidos en un territorio de particular riqueza natural, cultural y paisajística, quebrantado alguna vez por fuerzas violentas, pero que sigue reinventándose con el impulso natural de su más grande potencial: el amor por la cultura musical, nutrido por todo lo que le es inherente a su esencia: saberes, narrativas, experiencias, poéticas, formas de entender el mundo, o filosofías de vida.

Las sutiles melodías de gaitas, las voces de los decimeros y cantores, de los narradores orales, la resonancia seductora del tambor alegre, el acompañamiento discreto y preciso del llamador en contraste con los golpes rítmicos de la tambora, son una mezcla viva de años de resistencia indígena y negra, lo sigue siendo hoy cuando la música nos ha permitido sobrevivir a episodios de violencia como amenaza frente nuestro universo cultural, afectando la posesión legítima de la tierra, el vínculo afectivo con el territorio, lesionando las subjetividades y las relaciones simbólicas que nos han unido con este lugar sagrado, al que no renunciamos.

En este territorio nos arraigaremos para continuar insistiendo en la construcción de una paz verdaderamente sólida, condescendiente con los derechos humanos, y especialmente con el derecho a la vida dentro de un clima de convivencia pacífica, donde sea posible interactuar solidariamente, comprometiéndonos a cimentar y mantener en equipo los proyectos trascendentales como éste, el Festival Nacional de Gaitas, que logra su capítulo número XXXV, en este año 2019, marcado por el desafío de llevar a buen puerto el proceso de paz.

Nuestro Festival de Gaitas será parte de la alianza que necesita Colombia para unir fuerzas dentro del posconflicto, en esta compleja etapa de transición, necesaria para asegurar las transformaciones, las reparaciones necesarias y la no repetición, que sirvan para borrar todo el horror de la violencia.

En esa dirección van todos nuestros esfuerzos como parte de esta decorosa misión como dignatarios del Festival Nacional de Gaitas de Ovejas, donde nos empeñaremos en ayudar a iluminar el camino de la reconciliación, y lo haremos mediante una de las formas más nobles que tiene toda sociedad para alcanzar ese anhelo de no violencia, promoviendo aquello que nos une: la cultura.

Particularmente, en los Montes de María, estaremos siempre dispuestos a dinamizar las expresiones musicales autóctonas con todo lo que esto implica: contribuir con la conservación de las manifestaciones ancestrales, entender que puede ser inevitable su evolución sin deformar lo autóctono, o se corra el riesgo de banalizar lo que ha sido un patrimonio musical altamente valorado por los nativos y no nativos, en este sentido nos sumaremos a los cancerberos infalibles de la tradición musical popular de Ovejas, y de toda la región de los Montes de María, como nos uniremos también a la consolidación de la paz.


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